Hasta los mejores delanteros reconocen que, llegado el momento de encarar al portero, pueden sufrir el temible temblor de piernas. Enfrentarte a un rival que puede usar las manos y no saber cuántos defensas te persiguen para impedirte chutar, hacen que las piernas le flaqueen alguna vez inclusive a los más grandes. O a casi todos. En Vestidos de Frac recordamos a un futbolista con nervios de acero, cuyo sobrenombre en Inglaterra era nada más y nada menos que el Hombre de hielo: Dennis Bergkamp.

TEXTO:
DANIEL DOMÍNGUEZ
ILUSTRACIÓN:
JARORIRO!

D
ennis Bergkamp nació en Ámsterdam, hijo de un electricista que le puso el nombre de Dennis en honor al delantero escocés Denis Law. Futbolísticamente, crece admirando la exquisitez técnica de Glenn Hoddle y perfeccionando sus habilidades en silencio. «La mayor parte del tiempo estaba solo, pateando la pelota contra la pared, viendo cómo rebotaba, cómo regresaba, simplemente controlándola», revelaría años más tarde. Empieza su carrera en la prolífica cantera del AFC Ajax, donde ingresa con 11 años. Educado en la filosofía del fútbol total de Rinus Michels, desarrolla una versatilidad al alcance de muy pocos privilegiados. En consecuencia, aprende a jugar en casi todas las posiciones, aunque se acaba definiendo como un jugador de ataque.

El 14 de diciembre de 1986, debuta en el primer equipo de la mano de Johan Cruyff, en una victoria en casa frente al Roda JC (2-0). El mayor mito en la historia del fútbol neerlandés quedaría impresionado con el talento natural de aquel joven: «Bergkamp nunca llega tarde. Dennis pertenece a un grupo de tipos especiales, con Van Basten, Van’t Schip y Rijkaard. Chicos inteligentes». En sus siete años como profesional con los hijos de los dioses gana una Eredivisie, dos títulos de KNVB Beker (Copa de los Países Bajos), una Supercopa de los Países Bajos, una Recopa de Europa y una Copa de la UEFA. Por si fuera poco, se convierte en el máximo goleador liguero durante tres años consecutivos (1991, 1992 y 1993), alzándose con el Balón de Bronce en 1992 y el Balón de Plata en 1993. Su techo deportivo parecía inalcanzable.

Dennis Bergkamp era un genio capaz de convertir en realidad las jugadas con las que los aficionados solo pueden soñar./ Ajax.nl

Dennis Bergkamp era un genio capaz de convertir en realidad las jugadas con las que los aficionados solo pueden soñar./ Ajax.nl

LA INTROVERSIÓN DEL ARTISTA

En el verano de 1993, Dennis Bergkamp se marcha al Inter de Milán. «El club cumple con todas mis demandas. Lo más importante para mí es el estadio, la afición y el estilo de juego», declara después de que el equipo italiano confirme su fichaje por 18 000 millones de liras. En su primera temporada pasa a desempeñar el papel de delantero centro, anota 25 goles y suma otra Copa de la UEFA a su palmarés, compartiendo vestuario con Walter Zenga, Giuseppe Bergomi, Nicola Berti, Wim Jonk, Toto Schillaci o Rubén Sosa, con quien nunca se entendería y al que consideraba un jugador egoísta. Los resultados de los interistas en la competición liguera no serían nada convincentes. Además, las rencillas internas perjudican demasiado al atacante holandés, que no llega a calar en la cultura italiana debido a su temperamento tímido y frío. «Con una mentalidad y un carácter diferente, podría haber sido top. Técnicamente era un jugador de primer nivel, pero su carácter no lo era. Estaba demasiado callado, demasiado cerrado y de mente estrecha», comentaba el defensor neroazzurro Riccardo Ferri, reflejando la opinión de la mayor parte de sus compatriotas. Sin embargo, esta experiencia sirve para que Dennis se fortalezca psicológicamente tanto en lo profesional como en lo personal: «Mucha gente trata de lastimarte, no solo físicamente, sino también mentalmente, y viniendo de la cultura tolerante en Holanda, tuve que adoptar un enfoque más duro».

Para conocer bien a Bergkamp es necesario hablar de su personalidad, pues se trataba de un jugador reservado como muy pocos. Su relación con la prensa podría definirse simplemente como cordial. Ni una palabra más alta que otra, quizá porque casi nunca mediaba más de diez seguidas. Tampoco es que conversara mucho con sus compañeros, «lo llamaban el Hombre de hielo por lo mismo, en el vestuario estaba tan tranquilo que pensabas: este tío no quiere jugar», cuenta su excompañero Lauren. El miedo a volar en avión agrandó aún más su etiqueta de introvertido. En un primer momento la explicación más extendida apuntaba a la selección de Países Bajos y a la Copa del Mundo de 1994. En teoría, en el avión fletado por la Real Federación de Fútbol de los Países Bajos (KNVB) para viajar hasta Estados Unidos, un periodista con un siniestro sentido del humor bromeó sobre una supuesta amenaza de bomba. A esto súmenle que durante dicho trayecto una bolsa de aire provocaba una serie de turbulencias que inquietó a los pasajeros. Pero nada más lejos de la realidad. De hecho, Dennis realiza un gran Mundial, marcándole a Brasil un gol de bellísima factura en la eliminación de los tulipanes en cuartos de final. En su autobiografía publicada en 2013, el futbolista desvelaría que el verdadero origen de su fobia se remonta a su estancia en el Inter de Milán, donde normalmente se desplazaban fuera de casa en pequeños aviones: «Tengo este problema y tengo que vivir con él. No puedo hacer nada al respecto, es una cuestión psicológica y no puedo explicarlo».

«Con cada pase, debe haber un mensaje o un pensamiento detrás», esa era la filosofía de juego de Dennis Bergkamp, un futbolista único que siempre prefería expresarse a través del balón./ Jaroriro!

«Con cada pase, debe haber un mensaje o un pensamiento detrás», esa era la filosofía de juego de Dennis Bergkamp, un futbolista único que siempre prefería expresarse a través del balón./ Jaroriro!

En el año 1995, Dennis Bergkamp ficha por el Arsenal FC, el club de su vida con permiso del Ajax: «Nunca me vinieron a la mente otros clubes una vez que supe que el Arsenal quería ficharme». Esta vez añade una novedosa cláusula en su contrato para no tener que viajar nunca en avión, por lo que a veces no le queda más remedio que perderse algunos partidos a domicilio. Analizados los aspectos de su personalidad y para no ensuciar lo más mínimo su leyenda, hay que dejar claro que en el campo esa posible fragilidad emocional desaparecía totalmente. Jamás se puso nervioso delante de un portero. Sus recursos para finalizar solo eran comparables a su fabulosa destreza para dormir balones que llueven desde la estratosfera. Elegancia, inteligencia, regate y clarividencia para asistir, además de un potente cambio de ritmo en los metros finales, eran otras de sus mejores virtudes. Bruce Rioch, el primer entrenador que lo dirigió en Inglaterra, lo describía como «un jugador de clase mundial con una habilidad maravillosa, técnicamente excelente y un individuo capaz de aplicar su considerable habilidad en beneficio del equipo». El futbolista fue madurando su juego al mismo tiempo que creaba un estilo único e irrepetible.

El efecto de la incorporación de Dennis a la Premier League se nota enseguida. En tan solo un año, el Arsenal pasa de ocupar la zona media de la tabla a clasificarse para competiciones europeas. La nueva estrella del conjunto londinense no solo marca 16 goles, sino que se convierte en una pieza determinante en el sistema ofensivo de los suyos. En el Reino Unido, el kick and run era el modus operandi de la mayoría de sus equipos, inyectándole una intensidad terrible al desarrollo de los partidos. Por esta razón, los jugadores diferenciales como él, con una lectura del juego prácticamente intuitiva, se antojaban más que necesarios en los clubes punteros de la liga. Era capaz de pinchar la pelota con la pierna derecha y, directamente, definir muy rápido con la zurda; y todo ello en un súbito chispazo de genialidad que apenas se alargaba durante un par de segundos. «Simplemente no sabías qué iba a hacer a continuación», asevera otro excompañero como el arquero David Seaman. Indudablemente, su velocidad en la ejecución de los movimientos sentó cátedra en todo el país. Querido entrenador de fútbol base, si quiere mostrar a un delantero cómo armar la pierna y de qué manera puede dar mejores soluciones al ataque de su equipo, póngale vídeos de Dennis Bergkamp.

«Nunca me vinieron a la mente otros clubes una vez que supe que el Arsenal quería ficharme»

«Nunca me vinieron a la mente otros clubes una vez que supe que el Arsenal quería ficharme»

EXPRESIONES DE UN GENIO

En la temporada 1996/97, el Arsenal contrata para el banquillo a Arsène Wenger. Aunque es casi un desconocido, el técnico de Estrasburgo causa un impacto positivo e inmediato en el club. Aquellos nueve años en los que coinciden Bergkamp y Wenger serían los mejores en la extensa historia de los artilleros. Al margen de ellos, el Arsenal presume de una buena nómina de futbolistas que ofrecen un rendimiento espectacular: David Seaman, Tony Adams, Martin Keown, Lee Dixon, Ray Parlour, Ian Wright, Patrick Vieira, Emmanuel Petit, Nicolas Anelka, Marc Overmars, Fredrik Ljungberg, Nwanko Kanu, Thierry Henry, Sol Campbell, Ashley Cole, Lauren o Robert Pirès, solo por nombrar algunos. Durante este periodo, compiten por todos los campeonatos que disputan, especialmente en la Premier League. En Highbury, Dennis gana más confianza y se siente en el ambiente ideal para desplegar su fútbol, progresando no solo en el aspecto deportivo, sino también el personal. «La forma en que solía entrenar no era normal. El tipo no quería perder el balón, si perdía el balón, te hacía falta, te golpeaba en la cara, quería ser el primero en la carrera, el primero en tocar el maniquí en el entrenamiento», recordaría con admiración el propio Henry. Aquella sociedad que formaban Wenger en la banca y Bergkamp en el rectángulo de juego sería culpable en gran medida de que el Arsenal volviera a consolidarse como uno de los clubes más poderosos de Inglaterra.

Dennis Bergkamp no era precisamente un goleador nato, sino un futbolista mucho más completo: «No me interesaba regatear ni hacer trucos ni marcar goles. Controlar. Eso era lo mío. Con cada pase, debe haber un mensaje o un pensamiento detrás. Eso estuvo ahí desde muy temprano, en mi cuerpo y en mi mente». A pesar de ello, en el Arsenal supera la decena de tantos casi todos los años. La temporada 1997/98 es la más anotadora de su etapa como gunner, logrando 22 goles y coincidiendo con la consecución de su primer doblete de títulos en el fútbol inglés (Premier League y FA Cup). La posición ideal para él era la de segundo delantero, un 10 en toda regla, ya que su visión de juego le permitía tanto hacer goles como servirlos en bandeja de plata. En este aspecto, Wenger es el que mejor entendió la zona donde más podía brilla y aporta al colectivo: «No encuentras un jugador así en todas partes. Fue una bendición, un regalo cuando llegué. La segunda posición de delantero era su posición natural. Estaba a gusto allí, sabía cuándo dejarla y podía oler el juego». Gracias a la excelsa calidad que atesoraba en sus botas, generaba más para el equipo que para sí mismo. En un toque de balón transformaba una jugada más en una ocasión de gol. Y luego, cada uno de los tantos que marca era una delicia para degustarse y recrearse en las repeticiones, seguramente, la forma más directa de apreciar el ingenio en los cuadros que pintaba el artista holandés.

El Mundial de 1998 presenció actuaciones sublimes del genio naranja. Seguramente, la más destacada fue en cuartos de final ante Argentina, asistiendo en el primer gol y marcando el tanto definitivo./ Fifa.com

El Mundial de 1998 presenció actuaciones sublimes del genio naranja. Seguramente, la más destacada fue en cuartos de final ante Argentina, asistiendo en el primer gol y marcando el tanto definitivo./ Fifa.com

Ahora situémonos en la Copa del Mundo de Francia 1998. Países Bajos comienza la fase de grupos con tablas ante Bélgica (0-0), para después desmantelar a Corea del Sur con un gol de fantasía de Bergkamp incluido (5-0) y empatar con México (2-2). En octavos de final se deshace de Yugoslavia en un choque vibrante que decide en el descuento Edgar Davids (2-1) —la otra diana también la puso Dennis—. En los cuartos de final ya espera Argentina. En el minuto 12, Iceman se suspende a escasos centímetros del suelo y con la cabeza le brinda un balón franco a Patrick Kluivert para que este adelante a los suyos. Después de la igualada de Claudio López y las expulsiones de Arthur Numan y Ariel Ortega, los últimos instantes se traducen en una tensión insoportable. El defensa Frank de Boer conduce la pelota y desde su campo realiza un gran desplazamiento en largo hacia el área contraria. Allí aparece el genio naranja; en un destello, doma el esférico, anula fugazmente a Roberto Ayala y define con el exterior de su bota, todo con su pierna diestra. Una obra de arte que los amantes del fútbol no olvidarán jamás clasificaba a los neerlandeses a la siguiente ronda (2-1). Por desgracia para ellos, en semifinales son eliminados en la tanda de penaltis por Brasil (1-1; 4-2). En el año 2000, Bergkamp se retiraría de la selección tras la Eurocopa de Bélgica y Países Bajos, en la que caen de nuevo en semis y en penales, esta vez ante Italia (0-0; 3-1). Al final, su balance total con la Oranje se salda con 79 partidos disputados y 37 goles.

Dennis deja muchos goles para la historia del fútbol. Uno de los más recordados es, sin lugar a dudas, el que anota el 2 de marzo del año 2002 en St. James’s Park, en la visita liguera del Arsenal para enfrentarse al Newcastle United (0-2). A los diez minutos del inicio, Vieira recupera uno de tantos balones y combina con Bergkamp, que abre el juego a la banda izquierda para Pirès. El francés conduce el esférico hacia dentro y detecta que el delantero está libre en la frontal del área rival. Y justo ahí es donde brota su magia. ¿Imaginan realizar al primer toque un autopase por la espalda de 360º? Suena casi inverosímil, ¿verdad? Dennis no intenta imaginarlo, en su caso simplemente lo ejecuta. El defensa Nikos Dabizas se convierte en su juguete y el portero Shay Given en un auténtico espectador de lujo. «Nos quedamos allí mirándonos, sorprendidos. Es probablemente el único jugador que podría haberlo logrado», aseguraba el meta irlandés. Impertérrito, Bergkamp quiso exponerlo de la siguiente manera: «Pensé que el balón quedaba un poco detrás de mí, así que tenía que girar para controlarlo, tocar la pelota más allá del defensor. La forma más rápida de ir hacia el balón era girar en esa dirección… así que pareció un poco especial o extraño o bonito, pero para mí era la única opción y el camino más rápido hacia el balón y la portería». Ante todo, humilde y honesto.

UN LEGADO PARA LA HISTORIA

En el Arsenal, Dennis Bergkamp termina disputando más de 400 partidos y marcando 120 goles. Fue uno de los grandes protagonistas en la temporada de The Invincibles, el magnífico equipo que conquistaría la Premier League con 90 puntos y ninguna derrota en su casillero. El día 15 de abril del año 2006, en su último curso profesional, sería nombrado oficialmente por la hinchada gunner como el Día de Bergkamp, aprovechando un encuentro liguero en casa ante el West Bromwich Albion. Aquella tarde, los seguidores locales acuerdan ataviarse con camisetas de color naranja, en un evidente homenaje al país de origen de Dennis, y con las iniciales «DB» inscritas en ellas. El holandés, que en ese momento suma ya 36 años, ingresa en el verde en la segunda parte en sustitución de su compatriota Robin van Persie. En el minuto 89, recibe un balón en la frontal del área rival y realiza un golpeo sutil y colocado para anotar el gol de la sentencia (3-1). «Nunca pierde la clase y, después de diez años fantásticos, demuestra que todavía puede jugar», resalta Arsène Wenger en la rueda de prensa posterior. Desafortunadamente para el mundo del fútbol, todo lo bueno se acaba y ya no volveríamos a disfrutar más goles del genio de Ámsterdam.

El último partido oficial de Dennis Bergkamp fue en la trigésimo octava jornada de la Premier League, participando en la victoria del Arsenal como local ante el Wigan Athletic (4-2). También está presente en el Stade de France para la final de la Liga de Campeones de 2006, aunque no tiene la oportunidad de saltar al campo para jugar. Desde el banquillo, solo puede resignarse a ver la derrota de su equipo frente al FC Barcelona (2-1). Habría supuesto la guinda para una carrera admirable. El 22 de julio de aquel mismo año, Dennis se despediría del club londinense, ya ubicado en el Emires Stadium, con un amistoso disputado entre leyendas del Arsenal y del Ajax. «Fue extraordinario, y era difícil no emocionarse —confesaba Dennis tras su despedida—, siento que estos jugadores y esta afición son una sola y misma familia, y eso se ha percibido hoy». En Londres deja un palmarés más que notable: tres títulos en Premier League, cuatro en FA Cup y cuatro en Community Shield. En 2008, el Arsenal lo sitúa en segundo lugar entre los cincuenta mejores jugadores de su historia, superado únicamente por su excompañero Thierry Henry, que calificó a Bergkamp como «el sueño para cualquier delantero». Nunca pudo alcanzar el éxito con su selección. Aun así, está considerado por la FIFA como el cuarto mejor jugador neerlandés del siglo XX, solo por detrás de Johan Cruyff, Marco van Basten y Ruud Gullit.

«Cuando comienzas a apoyar a un club de fútbol, lo apoyas porque te encontraste a ti mismo en algún lugar de allí; encontraste un lugar al que perteneces»

«Fue un maestro del espacio. Encontró aberturas que ni siquiera los espectadores en las alturas habían visto. Era como si pudiera ver otra dimensión. A veces había que rebobinar un movimiento varias veces para procesar lo que había hecho», explicaba Simon Kuper, periodista deportivo y antropológico que tampoco ha podido descifrar lo que sucedía en la mente de Bergkamp, todo lo que podía inventar sobre un terreno de juego. Uno que lo sufrió y a la par lo disfrutó desde una posición privilegiada es Peter Schmeichel. El arquero danés dijo sobre él que «jugaba al fútbol como si todo fuera un sueño; no podrías ni siquiera imaginar algunas de las cosas que era capaz de hacer con un balón de fútbol». Así era Dennis, un genio que materializaba sueños sobre el césped y que descubrió en el barrio de Highbury el mejor hogar para desarrollar su magia. Desde luego, los once años que estuvo en Londres le calaron muy hondo: «Cuando comienzas a apoyar a un club de fútbol, no lo apoyas por los trofeos, ni por un jugador, ni por la historia, lo apoyas porque te encontraste a ti mismo en algún lugar de allí; encontraste un lugar al que perteneces». Palabras sinceras de una persona que siempre se identificó en toda su dimensión con los dos clubes a los que amó: Ajax y Arsenal. Y es que, en definitiva, en Inglaterra y en los Países Bajos han visto futbolistas excelentes a lo largo de su historia, pero muy pocos con tanta clase como Dennis Bergkamp.

«Fue un maestro del espacio. Encontró aberturas que ni siquiera los espectadores en las alturas habían visto. Era como si pudiera ver otra dimensión. A veces había que rebobinar un movimiento varias veces para procesar lo que había hecho», explicaba Simon Kuper, periodista deportivo y antropológico que tampoco ha podido descifrar lo que sucedía en la mente de Bergkamp, todo lo que podía inventar sobre un terreno de juego. Uno que lo sufrió y a la par lo disfrutó desde una posición privilegiada es Peter Schmeichel. El arquero danés dijo sobre él que «jugaba al fútbol como si todo fuera un sueño; no podrías ni siquiera imaginar algunas de las cosas que era capaz de hacer con un balón de fútbol». Así era Dennis, un genio que materializaba sueños sobre el césped y que descubrió en el barrio de Highbury el mejor hogar para desarrollar su magia. Desde luego, los once años que estuvo en Londres le calaron muy hondo: «Cuando comienzas a apoyar a un club de fútbol, no lo apoyas por los trofeos, ni por un jugador, ni por la historia, lo apoyas porque te encontraste a ti mismo en algún lugar de allí; encontraste un lugar al que perteneces». Palabras sinceras de una persona que siempre se identificó en toda su dimensión con los dos clubes a los que amó: Ajax y Arsenal. Y es que, en definitiva, en Inglaterra y en los Países Bajos han visto futbolistas excelentes a lo largo de su historia, pero muy pocos con tanta clase como Dennis Bergkamp.

«Cuando comienzas a apoyar a un club de fútbol, lo apoyas porque te encontraste a ti mismo en algún lugar de allí; encontraste un lugar al que perteneces»

PANEGÍRICOS

BERGKAMPIANOS

Ian Wright

«No solo marcó goles brillantes, sino que cuando jugaba, los que lo rodeaban anotaban más. Le dijimos que nos llevara a Europa cuando se unió y eso es exactamente lo que hizo. Es el mejor fichaje que el Arsenal ha hecho y que hará. ¡Él es el mesías!»

Arsène Wenger

«Tiene inteligencia y clase. La clase está, por supuesto, la mayor parte del tiempo vinculada a lo que puedes hacer con el balón, pero la inteligencia te hace usar la técnica de manera eficiente»

Thierry Henry

«La forma en que puede matar a un equipo con un pase es sencillamente asombrosa. Dennis es el mejor jugador con el que he jugado como compañero. Es un sueño para un delantero tenerlo en el equipo contigo»

Johan Cruyff

«Tienes que usar tu cerebro y encontrar la posición correcta. Si llegas tarde a la pelota, significa que elegiste la posición errónea. Bergkamp nunca llegaba tarde. Dennis pertenece a un grupo de tipos especiales, con Van Basten, Van’t Schip y Rijkaard. Chicos inteligentes»

Gary Lineker

«Uno se queda sin superlativos para describirlo como jugador: tiene una gran visión, conciencia, toque, remate, sin mencionar el desinterés, que para un delantero casi suena a una contradicción en los términos»

Petr Cech

«La visión, el pensamiento, la ejecución de los pases y el cambio de ritmo, el espacio y la técnica con sus goles, lo tenía todo»

Nigel Winterburn

«Dennis hizo muchas cosas que no pensamos que fueran humanamente posibles»

Matt Le Tissier

«Es el mejor futbolista técnico que jamás haya visto la Premier League»

Nick Hornby

«¿Bergkamp tiene tres pies?»

Peter Schmeichel

«Jugaba al fútbol como si todo fuera un sueño; ni siquiera podías imaginar algunas de las cosas que era capaz de hacer con una pelota»

Dennis Bergkamp dejó una impronta inigualable en el fútbol, especialmente en Highbury, donde fue acogido como un hijo cuya obra balompédica será recordada por siempre: «Siento que estos jugadores y esta afición son una sola y misma familia»./ PA Images

Dennis Bergkamp dejó una impronta inigualable en el fútbol, especialmente en Highbury, donde fue acogido como un hijo cuya obra balompédica será recordada por siempre: «Siento que estos jugadores y esta afición son una sola y misma familia»./ PA Images