EL FÚTBOL DEPARA A VECES SITUACIONES INUSUALES. CAMPEONES INESPERADOS, JUGADORES DESCONOCIDOS CONVERTIDOS EN ESTRELLAS Y OTROS CASI RETIRADOS QUE GOZAN DE UNA SEGUNDA JUVENTUD. EL PAPEL DEL ONCE CALDAS EN LA COPA LIBERTADORES DE 2004 ES PARA RECORDAR. SUPERÓ A LOS FAVORITOS Y VENCIÓ AL TODOPODEROSO BOCA JUNIORS EN LA FINAL. ESTA ES LA HISTORIA DEL SUEÑO VIVIDO POR EL EQUIPO BLANCO DE MANIZALES, UN SUEÑO QUE SE HARÍA REALIDAD Y CAMBIARÍA SUS VIDAS PARA SIEMPRE.
 
 
 
Julián Vélez
 

 
 
 
 
 
 






 
 
Manizales es una ciudad particular de Colombia. El café es el producto insignia de esta zona lluviosa y fría en medio de la cordillera central de los Andes. El reinado del café, los pasodobles y la gran influencia de los conquistadores españoles marcan el carácter cultural de esta bella tierra. Allí, en  abril de 1947, nació el Deportes Caldas, un equipo refundado en 1961 y convertido en el actual Once Caldas de Manizales, 'El equipo blanco de Colombia'. Su historia siempre ha sido la de un equipo modesto. Para hablar de su primer título habría que remontarse al Deportes Caldas de 1950, popularmente conocido como 'El Relojito Cuezzo' en honor al grandísimo Alfredo Cuezzo (que merecerá un reportaje algún día en nuestra revista), un técnico argentino llegado al país a finales de los años treinta como jugador del Municipal de Bogotá; más tarde llamado Millonarios FC. El equipo por entonces contaba con figuras de la época de la talla del atacante argentino Julio Ávila. Para ser campeones necesitaron 45 puntos, 20 victorias, 5 empates y 5 derrotas, con 91 goles a favor y 48 en contra. Ganaron aquella liga al histórico 'Ballet Azul' de Millonarios, que contaba por entonces en sus filas con el mismísimo Alfredo Di Stéfano y con Néstor Raúl Rossi. Toda una proeza.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Parece que la historia estaba destinada a repetirse. Así llega el segundo título en el año 2003. El Once Caldas, bajo el mando del técnico Luis Fernando Montoya, finalizó primero en la clasificación del Torneo Clausura con 35 puntos. Ahí se forman dos grupos con los ocho primeros de la clasificación para jugar los playoffs. Formó el cuadrangular junto con América de CaliDeportivo Cali y Unión Magdalena. El primer partido fue una victoria por 3-1 ante América, equipo al que no le ganaba en el Olímpico Pascual Guerrero desde hacía veintiséis años. En la segunda fecha goleó 4-0 al Unión Magdalena. Luego empató contra el Deportivo Cali y Unión Magdalena (1-1 en ambos partidos) y en la última fecha ganó 2-0 al América, clasificándose a la final. Once Caldas se enfrentó al Junior de Barranquilla, ganador del Grupo B de los cuadrangulares. El partido de ida en Barranquilla terminó en empate, pero la vuelta en el estadio Palogrande de Manizales terminó 1-0 a favor del Once Caldas, con un gol de Sergio Galván, su gran estrella, consiguiendo su segundo título nacional y la clasificación a la Copa Libertadores 2004.
 
 
 
La libertadores de 2004
 
Con la clasificación directa en el bolsillo, el equipo se fue a las vacaciones de Navidad sin saber la aventura que estaban a punto de vivir en esos 14 partidos durante cuatro meses y medio. Formaron el Grupo 2 con UA Maracaibo de Venezuela, CA Vélez Sarsfieldde Argentina y CA Fénix de Uruguay. Las dudas comenzaron al inicio de temporada con los rumores sobre la partida de su máxima estrella, Sergio Galván, al MetroStars estadounidense. Aun así, había un equipo muy bien compaginado entre la experiencia de unos y la juventud y el hambre de otros. Así, Once Caldas tenía nombres como Juan Calos HenaoJhon Viáfara, un joven Elkin Soto,Mauricio CasierraSamuel Vanegas, Dayro MorenoAlexis Henríquez (que repetiría hazaña con Atlético Nacional, además como capitán), y, cómo no, Arnulfo Valentierra, uno de los centrocampistas con más clase del fútbol colombiano. "Eramos un equipo humilde y todos lo sabíamos. Nadie apostaba por nosotros. Pero en el interior de cada uno de nosotros sabíamos que no íbamos a regalar nada a nadie e íbamos a luchar. No teníamos nada que perder y sí mucho que ganar", diría Jhon Viáfara, una de las grandes revelaciones de aquel torneo. 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
La fase de grupos comenzó en Manizales de la mejor manera posible, venciendo al Fénix por 3-0 con doblete de Valentierra incluido, con esa forma tan peculiar de cobrar los penales. En el segundo partido tenían la primera salida con el UA Maracaibo de Giovanny Pérez, al que vencieron 1-2 con goles de Jonathan Fabbro y Sergio Galván. Con el tercer partido llegó la única derrota del equipo, 2-0 frente al Vélez Sarsfield de ChilavertSomozaCubero y Rolando Zárate en un partido de lo más tenso. Pero el fútbol siempre da segundas oportunidades y en Manizales se consumó la revancha del Caldas contra los argentinos por 2-0 con doblete de Galván. La victoria 2-1 frente al Maracaibo y el empate 2-2 frente al Fénix, un partido que empezó perdiendo 2-0 en Montevideo, cerraron una primera fase de ensueño para el equipo, que pasaría a la siguiente ronda con 13 puntos y como primero de grupo. Cuando inició el torneo nadie apostaba por el conjunto caldense. Al llegar a Buenos Aires para enfrentarse a Vélez sólo había un periodista en el hotel.Juan Carlos Ángel, preparador físico del equipo, decía: "Eso es bueno. Nadie apuesta por nosotros y eso es muy bueno. Si queremos ser protagonistas, tenemos que ganar a los mejores". 
 
A medida que pasó la primera fase del torneo la atención de los focos fue en aumento. En los hoteles ya había más expectación y los incentivos económicos de la directiva por partido ganado fue muy importante para motivar a la plantilla. La segunda fase llegó con la noticia de la marcha definitiva a la MLS de Sergio Galván Rey, el goleador, lo que sembró dudas sobre el equipo. Ese primer partido de los octavos de final fue agónico, como casi todos los de la fase de eliminación directa. El Once Caldas se enfrentaba al siempre complicado Barcelona SC de Guayaquil, que contaba, entre otros, con Walter AyovíEdwin Tenorio o Iván Kaviedes. El primer partido fue en el Monumental Isidro Romero Carbo de Guayaquil y terminó en empate sin goles, en una auténtica avalancha de los ecuatorianos que desperdiciaron múltiples ocasiones. Ahí comenzó a forjarse la figura de una leyenda, Juan Carlos Henao, quien salvó a los suyos en un partido muy intenso y que terminó con la expulsión por roja directa de Viáfara por una entrada a destiempo. 
 
Si el primer partido fue de infarto, el segundo fue una auténtica tortura para el aficionado. Tras el empate en Ecuador, ambos se jugaban el todo o nada. Había llegadas por cada bando. Pero fue el Barcelona el que se adelantaría primero. La jugada la iniciaba Walter Ayoví robando el balón y tocando para José Gavica, quien hacía una pared con Rodrigo Teixeira, con taconazo incluido del brasileño, para que el propio Gavica la picara por encima de Henao. Un golazo en el minuto 76 que ponía las cosas muy difíciles, pero no imposibles. Hay que recordar que en aquella época los goles visitantes no contaban el doble en caso de empate. Poco duraría la alegría del Barcelona, ya que cinco minutos después, en el 83, Jorge Agudelo, que había ingresado desde el banco en la segunda parte, empataría con un golazo de tacón. La tanda de penales se avistaba, la más importante hasta entonces en Manizales. Valentierra, Soto, Dayro Moreno y Agudelo marcaron para el Caldas, mientras que Ayoví y Chatruc fallaron para el Barcelona, dando la victoria al Caldas. Comenzaba así crecer la ilusión en Manizales y en toda Colombia.
 

 




 



 
 
 
 
 
El rival de cuartos de final era nada más y nada menos que el Santos FC, entrenado por Vanderlei Luxemburgo y repleto de jóvenes promesas del fútbol mundial, como RobinhoDiego RibasRenato Dirnei y Elano. Un rival muy complicado. El primer partido se jugó en Brasil. Un partido loco en el que estuvo a punto de adelantarse el Caldas con un balón desviado por la espalda de Agudelo que el travesaño rechazó. Pero el Santos aumentó la presión y empezaba a convertir de nuevo a Henao en la figura del partido, hasta que llegó el gol de Basilio en el minuto 38 del segundo tiempo. A partir de entonces el conjunto peixe comenzó a controlar el partido y parecía que se llevaría la victoria. Sin embargo, un error en la salida de balón permitió un robo de Valentierra, quien con esa zurda privilegiada no perdonó y empató el marcador a falta de dos minutos para el final. En el estadio el estadio Urbano Caldeira solo se escuchaba el silencio. 
 
El estadio Palogrande de Manizales fue una caldera en el choque de vuelta. Fue un partido precioso, con oportunidades de un lado y de otro y, como no podía ser de otra forma, con Juan Carlos Henao como gran figura del equipo blanco para contener a un inspiradísimo Diego que no paraba de causar problemas. Pero la estrella del partido sería otra. Corría el minuto 70 y había una falta a favor del Once Caldas. Los brasileños formaron una barrera poblada porque sabían que en frente estaba un auténtico experto en el tiro libre, a pesar de los treinta metros que lo separaban de la portería defendida por Júlio Sérgio. Nada que hacer. Arnulfo Valentierra se sacó de la manga uno de los goles más importantes de la historia del equipo colombiano. El pitido final del argentino Horacio Elizondo desató la locura general. Once Caldas estaba entre los cuatro equipos más importantes de América, al lado de tres gigantes como River PlateBoca Juniors y su siguiente rival, el gran favorito del torneo, el São Paulo FC de Rogério CeniCicinhoLuganoFábio SimplícioDiego TardelliGrafite y el killer del equipo, Luís Fabiano
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Los hombres del Caldas estaban tranquilos, con los deberes hechos porque ya habían hecho historia. Pero no iban a regalar nada. No se imaginaban lo que pasaría en los siguientes ciento ochenta minutos. El primer partido era de nuevo fuera de casa y en un ambiente impresionante. Se esperaba que hasta 70.000 espectadores se dieran cita en las gradas del Morumbi, lo que acabaría poniendo muy nerviosos a los futbolistas caldenses. El entrenador Luis Fernando Montoya y su segundo se dieron cuenta de ello. "Vamos a la cancha antes para que perdamos el miedo, porque hasta yo tengo miedo", dijo, causando las carcajadas de todo vestuario. Cuando llegaron al campo perdieron los nervios y el respeto. "Si les ganamos a estos, somos los campeones", se repetían los jugadores constantemente. El partido era un calvario para los aficionados del Caldas, mientras que los brasileros se sentían impotentes viendo cómo chocaban una y otra vez con Juan Carlos Henao. Cicinho, Gustavo Nery, Luís Fabiano y hasta el mismo Rogério Ceni lo intentaron, pero Henao estaba por la labor de hacer historia. El partido terminaría 0-0. Toda una hazaña para los colombianos, que estuvieron muy ordenados en defensa, mientras que el São Paulo parecía incluso confiado. "En Manizales será diferente. Con el apoyo de todos pasaremos a la soñada final", dijo Montoya.
 
El partido de vuelta en Manizales fue una fiesta. El estadio era una olla a presión y lucía completamente de blanco. Una noche mágica que empezaba con una jugada de Herly Alcázar, quien, habilitado por el defensa brasilero, se quedaba solo ante Ceni pero cruzaba demasiado la pelota y esta se fue por poco. En el minuto 27 llegaría el tanto local. Tiro libre escorado lanzado por Valentierra, que metía el balón en el centro del área para que Viáfara lo cabeceara hacia el área pequeña y en segunda jugada, de forma poco ortodoxa pero segura, Alcázar marcara. Tan solo cinco minutos más tarde, Danilo de Andrade cogería un rebote y la mandaría al segundo palo de Henao, que no pudo hacer nada para evitar el empate. El choque se convirtió en un espectáculo de ida y vuelta. Viáfara estuvo a punto de realizar el mejor gol de la copa con un zapatazo desde fuera el área que el travesaño rechazó. Luis Fernando Montoya decidió dar entrada a Javier Araujo, un juvenil con gran técnica que ya había firmado actuaciones destacadas. Sería él quien recibiría el balón en el centro del campo, regatearía a dos rivales y pondría un pase en profundidad para Agudelo, quien, con una clase tremenda, frenaba, hacía pasar de largo al defensor rival y definía con mucha frialdad en el minuto 90. El Once Caldas estaba en la final y Manizales era una fiesta eterna. 
 






 



 
 
 
 
 Era una auténtica sorpresa que el modesto equipo colombiano llegara a la final de la Copa Libertadores eliminando a los dos clubes más fuertes de Brasil. En la final esperaba un conjunto que venía enfurecido de una tremenda eliminatoria contra su eterno rival, River Plate, que dejó en el camino hasta ocho expulsiones. Hablamos del todopoderoso Boca Juniors del 'Pato' AbbondanzieriNico BurdissoLuis PereaPablo LedesmaDiego Cagna y Carlos Tévez, dirigidos por Carlos Bianchi. El primer partido se iba a disputar en La Bombonera. Si el ambiente de Brasil había sido abrumador, estar en la piel de los jugadores blancos escuchando los cánticos argentinos era una aventura de emociones intensas. Sabían que el sueño estaba cerca, pero esperaba el choque más complicado. Boca venía algo debilitado por las expulsiones de las semifinales. Carlos Tévez, su máxima estrella y que esa temporada se despedía de los suyos, había sido expulsado tras celebrar su agónico gol a River con el gesto de una gallina. "El partido contra Boca era muy difícil porque era la primera vez que jugábamos una final de copa. Boca siempre ganaba. Pero nuestra idea era clara, buscábamos sacar el 0-0 en la Bombonera y luego en Manizales, con nuestra gente, ganar aunque fuera haciendo trampa", declararía Jhon Viáfara.
 
El partido de ida parecía una copia del que habían disputado en São Paulo apenas dos semanas antes. Tiros constantes a portería de Schiavi y Ledesma, regates de todos los colores de Diego Cagna y múltiples ocasiones para Guillermo Barros Schelotto. Pero el portero Henao y los postes volverían a ser los grandes protagonistas. Los colombianos solo tuvieron dos ocasiones, ambas en los pies de Elkin Soto, la primera tras un descuido de la defesa argentina en un disparo que se marchó alto y la segunda en un tiro libre escorado que se envenenó y que casi se cuela por la escuadra de Abbondanzieri. El final reflejaba un 0-0. Conociendo los antecedentes de Once Caldas, jugarse la final en el Palogrande sería muy difícil para los argentinos, que aun así ya sí que podrían contar con Tévez y Fabián Vargas, una vez habían cumplido sanción. El encuentro de vuelta dejaría imágenes para el recuerdo. Jamás se había teñido tan de blanco el estadio de Manizales como aquella noche del 2 de julio de 2004. En medio del ruido también se podía escuchar el corazón de cada uno de los jugadores. 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
El choque de vuelta de la final no pudo comenzar mejor para los locales. Viáfara sorprendía a Abbondanzieri con un disparo tremendo en el minuto 8. La fiesta comenzaba, el sufrimiento también. Boca Juniors estaba herido, pero era el equipo con más experiencia de la competición y supo aguantar la presión. Al inicio del segundo tiempo, Nicolás Burdisso logró el empate con un cabezazo tras un centro de Cángele. Fue un partido tosco, duro, intenso. El destino quería ser caprichoso y hacer sufrir aún más a los aficionados y, finalmente, la final se decidiría en una de las peores tandas de la historia de la Copa. Primero lanzaba Once Caldas y Valentierra, experto desde los once metros, centraba mucho un tiro que paraba Abbondanzieri. En el primero de Boca, Schiavi mandaba el balón a las nubes. Elkin Soto marcaría el 1-0, ajustando el disparo a la izquierda del arquero xeneize. Posteriormente, Henao adivinaba el tiro de Cascini y Ortegón realizaba un disparo similar al de Valentierra, fallando también, y Burdisso reventaba una pelota que se estrellaba contra el larguero. Le tocaba a Agudelo que esta vez sí engañaba a Abbondanzieri metiéndola por el centro. Turno para Cángele, a quien se le veía nervioso. La joven promesa de Boca disparó muy flojo a la derecha de Henao, que atajaba sin problemas y daba a los suyos la primera y única Copa Libertadores de América.
 
Samuel Vanegas, el eterno capitán de este histórico club colombiano, fue el encargado de levantar la copa. Sabían lo que habían conseguido, lo que habían sufrido para lograrlo, y la fiesta tenía que ser proporcional al hito. Tan grande fue que durante la celebración el trofeo sufrió graves daños y terminó rompiéndose en pedazos. No importaba, el equipo blanco de Manizales inscribía su nombre en la historia del torneo más importante de América. Boca, por su parte, no se tomó muy bien la derrota y no quisieron pasar a recibir la medalla de subcampeón. Al ser preguntado en sala de prensa, su entrenador, Carlos Bianchi, respondió: "Yo no sabía, sinceramente no sabía... es la primera vez que perdemos, entonces no sabía que a los segundos le daban medallas". Toda una declaración de humildad, aunque posteriormente el presidente del club bonaerense, Mauricio Macri, pediría disculpas públicamente por dichas declaraciones.
 






 



 
 
 
 
 
 
La fiesta continuaba con la Copa Intercontinental, la que sería la última edición de este torneo y que se disputaría en Yokohama. El sueño de Japón estaba latente. Para ello debían superar al campeón de Europa ese año, el FC Porto, que ya no contaba con Mourinho, Deco o Paulo Ferreira pero sí con futbolistas como Vítor Baía, Ricardo Costa, Costinha, Maniche, Derlei, McCarthy, Quaresma y los recién incorporados Diego Ribas o Luís Fabiano, que buscaban su particular vendetta. Los portugueses tuvieron mayor posesión y se toparon con el larguero hasta en tres ocasiones, aunque los caldenses también tuvieron sus opciones, especialmente en las botas de un Viáfara que cuajó una actuación brutal. Los ciento veinte minutos que duró el encuentro, sumando la prórroga, terminaron con empate a cero, obligando ello a ir a los lanzamientos de penaltis. El Once Caldas rozó ser campeón intercontinental cuando, con la serie 3-4 a favor, Maniche envió al travesaño el cuarto penalti de los portugueses. El argentino Jonathan Fabbro pudo darle el título a los suyos con el gol definitivo, pero su tiro dio en el palo. La serie continuó y Edwin García desperdició el noveno cobro cuando la serie iba empatada a siete tantos y, en consecuencia, Pedro Emanuel le dio la victoria al FC Porto tras convertir su lanzamiento. 
 
El capítulo más oscuro de este relato de felicidad y superación se dio fuera de los campos. El director de la orquesta, el entrenador más importante de todos los tiempos del Once Caldas, Luis Fernando Montoya, se convertiría en el protagonista del trágico final de esta historia. A finales de diciembre de aquel mismo año, el 'Profe' Montoya recibió dos heridas de bala al intentar defender a su esposa de unos asaltantes. Los disparos lo hirieron gravemente y le afectaron a la médula espinal. Como consecuencia quedó postrado con una cuadriplejía incurable. Fue un hecho aterrador que ha sembrado una nube negra sobre la fantástica historia del Once Caldas. Pero Montoya es un tipo especial. No solo ha sido desde entonces un ejemplo de superación, sino que sigue vinculado al mundo del fútbol a través de su cama y es común verlo en alguna entrevista motivadora, o recibiendo visitas de jugadores y entrenadores que buscan su consejo. No obstante, recibiría el galardón de Entrenador del año en Sudamérica en 2004. Así, desde entonces se le conoce como el 'Campeón de la vida'. Gracias maestro. 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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