LAS PERSONAS SOMOS SERES PURAMENTE EMOCIONALES. LAS ILUSIONES SON EL MOTOR DE NUESTRA EXISTENCIA Y NOS AYUDAN A SEGUIR ADELANTE. "SE HACE CAMINO AL ANDAR", DECÍA ANTONIO MACHADO REFIRIÉNDOSE A LA VIDA, Y ES QUE ES VITAL ANDAR CON ENTUSIASMO, SINTIENDO PASIÓN POR CADA PASO. JOAQUÍN CAPARRÓS SIEMPRE TUVO CLARO SU CAMINO Y LUCHA CADA DÍA POR SEGUIR RECORRIÉNDOLO CON LA MISMA INTENSIDAD QUE AL PRINCIPIO.
 
 
 
José Gordillo
 

 
 
 
 
 
 






 
 
"Cuando mi padre me llevaba a los partidos del Sevilla, después llegaba al barrio y con todos los amigos repetíamos la jugada o el gol que antes había visto en el campo". Con estas palabras abre nuestra entrevista Joaquín Caparrós tras recibirnos amablemente en su casa. Joaquín es una persona inquieta, muy enérgica, e incluso estando sentado parece que a veces le cuesta estar tranquilo. Ese carácter tan marcado es el que siempre le ha hecho llevar la iniciativa en su carrera profesional. Su padre le llevaba al estadio Ramón Sánchez-Pijzuán siendo un crío y fue allí donde comenzó a empaparse de su pasión; el fútbol. Ya por aquel entonces él sabía perfectamente a lo que quería dedicarse en el futuro. Tenía las ideas muy claras. No obstante, con tan solo once años conseguía que sus amigos le hicieran caso y pusieran en práctica aquellos primeros sistemas de juego que dibujaba en su cabeza. "Siempre he dicho que soy entrenador vocacional y desde muy pequeño eran señales de que, efectivamente, iba a ser mi profesión", explica.
 
Joaquín Jesús Caparrós Camino nació el 15 de octubre de 1955 en la localidad sevillana de Utrera. Él describe el lugar donde se crió como "tierra de flamencos". Es más, le habría encantado "saber tocar las palmas, la guitarra y bailar", aunque lo suyo siempre fue el balompié. Empezó a jugar al fútbol en el colegio de los Salesianos de la Santísima Trinidad y se desarrolló como futbolista en los filiales del Sevilla FC y del Real Madrid para pasar posteriormente por CD LeganésCD PegasoAD TarancónAD San José Obrero y Unión Balompédica Conquense. "Técnicamente era buen jugador, un poco lento, buen pasador, poco agresivo…", pero en su interior solo pensaba en entrenar. Con dieciocho años fue a la Federación Madrileña de Fútbol con el fin de obtener el título de entrenador, pero Teodoro Nieto, por entonces presidente del Colegio de Entrenadores, le aconsejó que siguiera jugando, aunque fuera solamente para entender mejor esa atmósfera que rodea al futbolista. 
 
 
 
 
 
 
JOSÉ GORDILLO: He leído en varias ocasiones que siendo canterano del Real Madrid te fijabas mucho en Miljan Miljanic.
JOAQUÍN CAPARRÓS: Sí, cuando era muy jovencito, con diecisiete o dieciocho años, el Real Madrid firmó a un entrenador distinto a lo que había en nuestro fútbol. Trae creo que al primer preparador físico, a Radisic, y, por lo tanto, los entrenamientos eran distintos a lo que se estaba realizando. Él ya utilizaba un técnico por línea. Eso a mí me llamaba la atención y después de mis entrenamientos en la ciudad deportiva del Madrid pues me quedaba y tomaba nota de cómo corregía y cómo intentaba enseñar a los canteranos que habían subido de las categorías inferiores.
 
 
 
 

A pesar de que seguiría el consejo de Teodoro Nieto, Caparrós no tardaría mucho en retomar su idea original. A los veintiséis años decidió volcarse de lleno en su carrera como técnico. En la Escuela de Entrenadores conocería a Benito Floro, quien sería su maestro, su gran referente y al que siempre consideraría "un vanguardista". En aquellos años Joaquín se fijaba mucho en el preparador asturiano por "cómo gestionaba los entrenamientos, lo metódico que era y cómo concebía el fútbol como es ahora". Además, el 'Profesor' Floro siempre estaba dos pasos por delante del resto: "En el Albacete tenía muchísimos técnicos, especialistas y nutricionistas, cosa que no existía en el fútbol. Tenía su psicólogo, que ahora la mayoría lo llevan, su preparador físico… y te estoy hablando de hace casi treinta años", es decir, cuando nadie pensaba en eso. Salvando las distancias, Floro podía ser lo que Pep Guardiola ha sido en estos últimos años "con una diferencia. Benito sube al Albacete a Primera División, lo convierte en el equipo revelación y firma con el Real Madrid. Ese año tiene la mala suerte de no conseguir dos títulos, uno por el famoso partido en Tenerife y luego pierde la final de Copa. Pep consiguió títulos en el primer año y eso hace que aún se reafirme más".
 






 






 
 
El bautismo de Joaquín Caparrós al frente de un banquillo llegaría en 1981. "La universidad para el entrenador es el fútbol modesto", afirma, y sus primeros años de facultad los cursaría en Cuenca, concretamente en el campo municipal Obispo Laplana, hogar de la AD San José Obrero. En 1984 pasa a entrenar en categoría nacional con el Campillo CF y dos años más tarde aterriza en el Motilla del Palancar CF, al que consigue ascender a Tercera División. Aquel sería su primer triunfo, pero ni mucho menos el último. Tras una "buena experiencia" dirigiendo a los cadetes de la Selección de Castilla-La Mancha (entre los que figuraba, por ejemplo, Javier Casquero), su rendimiento como ténico empieza a ser cada vez más notable. En apenas cinco años clasifica para la fase de ascenso a Segunda División B a tres clubes distintos: CF Gimnástico de Alcázar (1991/92), Unión Balompédica Conquense (1992/93) y Moralo CP (1995/96).
 
Para cosechar buenos resultados y poder ir cumpliendo metas hace falta grandes dosis de esfuerzo y dedicación, además de no perder nunca la motivación. Joaquín era plenamente consciente de ello, por eso siempre ha intentado ser lo más profesional posible, ya que "profesional es aquel que se dedica a algo y tiene que estar viviéndolo, si no, no puede estar con la intensidad". Mantener ese nivel de intensidad es más fácil si sientes verdadera vocación por lo que estás haciendo y te desvives por ello. "Aun teniendo otro trabajo, mi profesión de entrenador siempre la he considerado profesional porque buscaba el tiempo necesario para mi formación y, lógicamente, para mi mejora", destaca el técnico utrerano, quizá recordando aquellas clases en Albacete o los más de 700 kilómetros que recorría a diario en sus viajes desde Cuenca hasta Navalmoral de la Mata para entrenar al Moralo CP.
 
En 1996 la trayectoria de Joaquín Caparrós experimentaría un salto de categoría. El Recreativo de Huelva, anclado varios años en Segunda División B, llamó a sus puertas para plantearle un reto tan exigente como apasionante. Joaquín recuerda perfectamente aquellos primeros días en la entidad onubense: "Llamaban la atención mis métodos de trabajo. Eran trabajos que yo ya hacía en los equipos modestos, pero claro, en una ciudad como Huelva, siendo el Decano del fútbol y con más medios de comunicación, todo lo que hacía tenía mucha más repercusión que en los equipos como Campillo, Moralo, Alcázar, etc.". En el viejo estadio Colombino entrenó a futbolistas como César QuesadaJuanmaLuci MartínJulio PinedaBodipo o Iván Rosado. En su primer año los blanquiazules se clasificaron para la fase de ascenso a Segunda División pero no conseguirían subir hasta el año siguiente. En su tercera temporada, ya en la división de plata, finalizarían el campeonato en duodécima posición, siendo el equipo que menos goles encajó de toda la categoría.
 
El prestigio de Caparrós estaba en auge. Prueba de ello fue su elección como técnico de la Selección de Andalucía en el periodo comprendido entre el año 1998 y el 2000. En junio de 1999 firmaría por el Villarreal CF, que acababa de descender a Segunda División tras su primera temporada en la élite. Su etapa con el conjunto amarillo no fue todo lo prolífica que a él le hubiera gustado. "Un ciclo puede ser de ocho o diez años pero puede ser también de tres meses", y el de Joaquín en El Madrigal duró exactamente siete jornadas. "Tan importante es tu trabajo como saber a dónde tienes que ir a trabajar", señala, aunque siempre ha recalcado que no se arrepiente de su paso por Villarreal, ya que "fue corto, pero muy intenso" y le sirvió para madurar. El técnico utrerano es bien sabedor de que el fracaso solo es una parte más de ese proceso que debemos pasar para alcanzar nuestra meta.
 






 



 
 
En abril del año 2000 el Sevilla FC anunciaba la contratación de Joaquín Caparrós como nuevo entrenador. Los sevillistas arrastraban tres años muy convulsos en los que habían descendido a Segunda División en dos ocasiones (1996/97 y 1999/00). La delicada situación económica de la entidad obligó a vender futbolistas importantes como MarchenaJesuliJuan CarlosQuevedo o Tsartas. "El equipo de la casta y el coraje" necesitaba hombres que hicieran honor a su himno y Caparrós era la persona ideal para capitanear el barco. La otra pieza clave del proyecto era Monchi. El ex portero sevillista se haría cargo de la secretaría técnica basándose en una 'economía de guerra'. De esta forma llegarían NotarioDavid CastedoPablo AlfaroTaira, Javi Casquero, Diego Ribera o Tevenet. Además, el gran trabajo realizado en las categorías inferiores daría sus frutos y los Víctor SalasPaco GallardoAntoñito o José Antonio Reyes desempeñarían un papel fundamental. La primera campaña de Joaquín al frente del club de su vida concluyó con un broche inmejorable: récord histórico de victorias (23) y campeones de Segunda División. 
 
Una vez ascendidos a Primera División el objetivo no era otro que asentarse en la máxima categoría. El entonces presidente hispalense, Roberto Alés, tenía claro que lo que había funcionado no debía cambiarse. El tándem Caparrós-Monchi era incuestionable. Alfonso VeraJavi NavarroJuanmiNjegusMario CoteloTomásTorradoLuis GilMoisés y Toedtli fueron los refuerzos para el retorno a Primera, que significaba también el debut de Joaquín Caparrós en la élite. El conjunto andaluz demostró ser un rival complicado y al final de la primera vuelta ya tenía muy bien encarrilada la permanencia con 27 puntos, a 8 del primero, el Real Madrid. En la segunda vuelta fueron mucho más irregulares, no obstante, el gran momento de forma en los últimos meses de competición del argentino Mariano Toedtli y las cuatro victorias en los cuatro últimos partidos de liga llevaron al Sevilla a los 53 puntos, Se quedaron a solo un punto de los puestos que daban acceso a competición europea y fueron, además, el cuarto equipo con menos goles en contra.
 
 
 
 
 
 
J.G.: En el 2000 volviste a tu casa, al Sevilla. En tu primera temporada ascendéis y al año siguiente casi os metéis en Europa. Eráis uno de los equipos más rocosos de la liga, con mucha gente de la casa. ¿Qué tenía aquel Sevilla que lo hacía tan competitivo?
J.C.: Teníamos un compromiso. La palabra compromiso, implicación, es muy socorrida y se lleva mucho en el mundo del fútbol, porque te saca de muchas cosas en una rueda de prensa o en cualquier pregunta que te hagan tus compañeros periodistas. Pero es cierto que había compromiso y mucha implicación. El Sevilla estaba en una situación muy delicada, en Segunda División. Había que traer futbolistas a coste cero, jugadores con carta de libertad, y, por lo tanto, se les daba la oportunidad de hacer cosas grandes en un club con la historia y la importancia que tenía en el fútbol no solamente nacional sino a nivel europeo. Hubo una pretemporada en la que fuimos creando y cohesionando un grupo y los resultados fueron muy buenos porque se ascendió. Poco a poco nos dio tiempo ver que en la cantera del Sevilla en ese momento había muchísimo talento y entre todos los técnicos lo aprovechamos y dio su fruto.
 
J.G.: Entre ese talento siempre hablas maravillas de Reyes. ¿Qué tenía Reyes que tanto te llamaba la atención?
J.C.: Pero no a mí, nos llamaba la atención a toda la gente del fútbol. Reyes era un superdotado física y técnicamente. Era un jugador que dominaba todas las facetas del juego y luego físicamente era muy poderoso. Entonces, con la edad de quince, dieciséis años era un jugador que hacía cosas que era muy difícil hacerlas en un campo de fútbol. Sí que nos sorprendía y la prueba está en cómo debutó en el Sevilla y cómo, tan jovencito, lo fichó un equipo como el Arsenal.
 






 



 
 
La temporada 2002/03 debía ser la de la consolidación definitiva en Primera División. Hubo pocos retoques, más allá de los fichajes de RedondoSamwaysMarcos ValesCaballero y el regreso tras cesión de Antoñito. Los nervionenses no tuvieron un inicio fácil. En 12 partidos habían cosechado 2 victorias, 5 empates y 5 derrotas. Pero cuando peor pintaba la cosa el Sevilla daría la campanada en el Camp Nou, donde vencería por 0-3 al FC Barcelona de Louis van Gaal (goles de Casquero y Toedtli por partida doble). Poco a poco irían mejorando mucho la solidez defensiva, especialmente gracias a la pareja de centrales formada por Javi Navarro y Pablo Alfaro, el capitán, a quien Caparrós utilizaba "para que diera un poco de ejemplo al grupo". El factor psicológico es tan importante para Joaquín que sus técnicas incluso se salen un poco de lo convencional. En alguna ocasión hizo llegar tarde al entrenamiento al propio Pablo Alfaro para sermonearle fuertemente delante de todos y así motivar al resto del vestuario. "Siempre tiene que haber una buena empatía con tu plantilla, pero sobre todo con el capitán", aclara, pues "los capitanes y el entrenador tienen que tener una buena relación, entenderse y hablar claro".
 
En ataque, los grandes baluartes sevillistas eran dos canteranos, Reyes y Antoñito, que aquel año marcarían 11 y 7 tantos respectivamente. No era fácil hacer goles en un equipo que invertía tantas energías en su fortaleza defensiva, con un doble pivote de mucho trabajo como era el que componían Javi Casquero y Gerardo Torrado. Una floja primera vuelta (22 puntos) limitaba mucho las posibilidades de aspirar a algo más. Por ello, el club decidió acudir al mercado invernal. Primero llegaría el internacional griego Nikos Machlas desde el Ajax de Ámsterdam y horas más tarde aterrizaría en Sevilla un brasileño de tan solo diecinueve años llamado Daniel Alves. "Daniel era un competidor, un animal competitivo desde que llegó, por tanto, nosotros ahí no tuvimos que hacer nada, solo ponerlo a jugar", recuerda un Joaquín que no lo haría debutar hasta finales de febrero, pues en sus primeros meses en Sevilla "fue un jugador muy criticado" y muy anárquico. Aunque Alves y Machlas ofrecerían un rendimiento discreto en aquella media temporada, finalmente, Caparrós y los suyos concluirían la competición como décimos clasificados, siendo el tercer conjunto que menos goles había encajado.
 
 
 
 
 
 
J.G.: Daniel Alves llegó a decirte en sus inicios en el club algo así como que "el fútbol no tiene límites ni reglas". Es llamativo porque cuando vino era un futbolista muy anárquico y tus equipos siempre han sido muy ordenados. ¿Se absorbe mucho del futbolista? ¿Te cambian a veces la visión de las cosas?
J.C.: No, es que el entrenador se tiene que adaptar. Está claro que el fútbol es colectividad y hay que jugar en equipo, pero no puedes cortar el talento y la creatividad de un jugador. Igual que pasaba con Diego Capel, Paco Gallardo o Jesús Navas, que son futbolistas regateadores. Tú no les puedes cortar la iniciativa de ser regateador, ¿por qué?, porque yo, además, a esos futbolistas les insistía en que les había subido al primer equipo por esas características, no quería que hicieran otra cosa distinta a lo que estaban haciendo en las categorías inferiores. Si Jesús Navas era un jugador regateador que buscaba el uno contra uno, lo tenía que hacer, o Diego Capel, o Reyes… Igual que Sergio Ramos, que siendo muy jovencito tenía que demostrar y hacer ver en el vestuario que tenía una personalidad. Si tú quieres traer y subir a un chico, lo subes por lo que ha sido, no por lo que quieres que sea. Está claro que tú le vas enseñando, vas corrigiéndole, van cogiendo los conceptos de la alta competición, pero al futbolista tienes que darle su creatividad y lo que tiene dentro, si no, estás cortándolo.
 






 



 
 
"Abónate a soñar", cantaba Pastora Soler en la campaña de captación de socios del Sevilla FC para la 2003/04. La estructura del club se había estabilizado y empezó a apostarse por un modelo más ambicioso que invitaba a la ilusión. Ocho caras nuevas y una hornada de chicos de un filial que cada vez venía pisando más fuerte hicieron que la hinchada del Ramón Sánchez-Pizjuán volviera a soñar con cotas mayores de las que había acostumbrado en los últimos años. Si el Real Madrid había fichado a David Beckham, el FC Barcelona a Ronaldinho y el Valencia CF a Ricardo Oliveira, la gran inversión del Sevilla FC fue Júlio Baptista (3 millones de euros). Baptista, procedente del São Paulo, había jugado siempre como mediocentro defensivo, pero Caparrós vio en él cualidades para jugar más adelantado. El utrerano notó muy pronto que había tomado una buena decisión, ya que en la jornada inaugural de liga un gol del brasileño reconvertido a mediapunta otorgó la primera victoria a su equipo, concretamente ante el Atlético de Madrid de Gregorio Manzano. 
 
 
 
 
 
 
J.G.: Una vez asentados en Primera, se hace un proyecto ilusionante pensando en un salto de calidad. Llegan Esteban, Aitor Ocio, Martí, Antonio López, Germán Hornos, Darío Silva, Carlitos y Júlio Baptista. Lo de cambiar de posición al brasileño fue una auténtica genialidad. ¿Esperabas que tuviera tanto impacto?
J.C.: No. Cuando cambias de posición a un futbolista es porque crees que es lo mejor para el equipo y, lógicamente, para el futbolista, y tienes que convencer al jugador. Al principio nos costó un poco. Qué duda cabe que Júlio como centrocampista fue internacional y había un mundial al que quería ir, por lo tanto, sacarle de esa demarcación y ponerle en otra donde Brasil tenía Botas de Oro al principio le costaba. Pero bueno, ¿qué hicieron los goles? Que fuera el centro de atención del fútbol. Todo se focalizaba a él, metía goles importantes que daban puntos al Sevilla y poco a poco eso hizo que se fuera adaptando y sobre todo gustándose en esa demarcación. Eso facilitó su adaptación. Luego vino el seleccionador brasileño que lo convocó y lo puso en esa demarcación y el Real Madrid también lo firmó en esa demarcación, por lo tanto, él estaba ya contento y ya no quería jugar en otro sitio.
 
 
 
 

El Sevilla había cambiado su forma de jugar respecto a años anteriores. "El estilo muchas veces te lo dan las circunstancias, los objetivos y los futbolistas", y en este caso la reforzada plantilla sevillista permitía desplegar un sistema de juego con mayor protagonismo ofensivo. Eso sí, no perdieron ese sello característico de lo que debe ser un equipo de Joaquín Caparrós, "con mucha intensidad y donde el futbolista viva lo que es el partido los noventa minutos".  Para mantener esa intensidad era fundamental que existiese una gran competencia por ganarse un puesto en el once inicial. En esa carrera por querer jugar lo máximo posible, uno de los que subió  más peldaños era, sin duda, Daniel Alves. El baiano era “un hombre con un gran nivel técnico y sobre todo de competición" y "a base de su constancia, su sacrificio y con su hambre de conseguir un puesto en el equipo, lo consiguió". Al gran nivel que empezaba a ofrecer Alves había que sumar la seguridad en portería de Esteban, el liderazgo y solidez de la línea defensiva, el gran conocimiento táctico de Martí, la pegada de Casquero, el dinamismo de Antonio López, la magia de Antoñito y Reyes, la brega constante de Darío Silva y, cómo no, la potencia de la 'Bestia' Baptista.
 






 






 
 
El inicio de temporada fue espléndido: una sola derrota en nueve partidos, incluyendo un empate en el Camp Nou (1-1), en aquel famoso choque disputado a las 12:05 de la noche. La buena racha se cortó en La Rosaleda ante el Málaga CF (2-0). Sin embargo, en la siguiente jornada los de Caparrós ocuparían las portadas de medio mundo tras pasearse en casa ante el Real Madrid de 'Los galácticos'Carlos Queiroz, había suplido la baja de Míchel Salgado con un central (Pavón) y fue por ahí por donde se produjo la sangría. El técnico sevillista situó a Reyes en banda y sus jugadores ofrecieron una enorme exhibición (4-1). El mismo Reyes abandonaría el club entre lágrimas a finales de enero de 2004 para marcharse al Arsenal FC, en la que hasta entonces era la venta más cara de la historia del club (30 millones de euros). Pero el equipo siguió con su dinámica positiva y Baptista con su racha anotadora (3 goles al Real Murcia, 4 al Racing de Santander…). En Copa del Rey llegarían hasta semifinales, donde caerían ante el Real Madrid (con polémica incluida), y acabarían el curso en Nervión frente a CA Osasuna, un choque que se convertiría en una auténtica batalla. El vigésimo tanto en liga de Júlio Baptista, que le situaba como segundo máximo goleador tras Ronaldo, daba la victoria a los sevillistas y ponía el broche de oro a una gran temporada. 
 
 
 
 
 
 
J.G.: En la última jornada ganáis a Osasuna y lográis clasificaros para competición europea casi diez años después. ¿Qué sentiste aquella noche?
J.C.: Sentimos todos. Después del trabajo duro, recordamos lo que habíamos pasado, que el Sevilla en cinco años había bajado dos veces con una situación de ascenso complicada, una economía de guerra muy fuerte con un perfil de futbolistas que teníamos muy claro y que poco a poco íbamos dando pasos, que se tuvo que vender a Reyes para dar no un paso si no cinco adelante… todo eso. Luego, los éxitos y las derrotas hay que reflexionarlos. La verdad es que fue una alegría porque el Sevilla volvió a estar ahí en ese paquete de equipos y sobre todo con un futuro muy grande, ¿no? Ya estaban Antoñito, Gallardo, Navas, Daniel y se incorporan Sergio, Diego, Puerta, Adriano, Renato… una media de futbolistas muy jóvenes, una plantilla con una media de veintidós, veintitrés años, con muchísima hambre de conseguir cosas.
 
 
 
 

En apenas cuatro años, Joaquín Caparrós había conseguido transformar a un equipo desahuciado en uno de los más consistentes de Primera División. En la 2004/05 la escuadra andaluza se reforzó con Jordi LópezFernando SalesRenato Dirnei, Jesuli, Makukula y Carlos Aranda, además de Adriano Correia, que llegó en el mercado invernal procedente del CoritibaAl margen de todos estos nombres, Joaquín había hecho debutar en el último año a Jesús NavasPablo RuizSergio RamosMarco Navas y Antonio Puerta, a los que en esta temporada se sumarían David PrietoDiego Capel y Kepa Blanco. El hambre del Sevilla crecía y crecía. En liga continuó demostrando que era capaz de doblegar a cualquiera, derrotando, por ejemplo, al Atlético de Madrid (2-1) o al Real Betis (2-1) en el Sánchez-Pizjuán y venciendo al Valencia en Mestalla (1-2) o al Real Madrid en el Santiago Bernabéu (0-1). En Copa del Rey volvió a realizar un papel bastante digno, siendo eliminado en los cuartos de final por aquel Osasuna de Javier Aguirre tras otro vibrante capítulo de rivalidades.
 






 



 
 
El gran atractivo de la temporada en Nervión era la vuelta a las competiciones europeas. La ronda previa de la Copa de la UEFA fue un mero trámite. El CD Nacional nunca fue rival para los sevillistas, que se impusieron con facilidad en ambos partidos (2-0 y 1-2). La fase de grupos sería otra cosa. Alemannia Aachen (2-0) y AEK Atenas (3-2) en casa y FK Zenit (1-1) y OSC Lille (1-0) a domicilio pondrían difíciles las cosas a un Sevilla que acabaría pasando como segundo del Grupo H. Los dieciseisavos emparejarían a los hispalenses con el Panathinaikos FC, que venía de Liga de Campeones. El choque de ida en el Apostolos Nikolaidis se saldó con 1-0 para los locales. El partido de vuelta, disputado una semana después, fue uno de los más épicos que se recuerdan en el Sánchez-Pizjuán. Caparrós, a quien a veces se le tacha de entrenador defensivo, dispuso un once con tres delanteros (Antoñito, Aranda y Baptista). Cuando se acercaba el minuto 80 y el marcador aún reflejaba el 0-0, introdujo a Adriano y Makukula por Jesuli y Martí. Precisamente los dos jugadores ingresados hicieron posible la remontada, primero con un gol del lusocongoleño en el 83 y más tarde, con el equipo volcado arriba, con otro del brasileño en el descuento.
 
Los octavos de final de la UEFA ya serían demasiado para los sevillistas. El Parma FC salió ileso de Nervión (0-0) y en el partido de vuelta el solitario gol de Giuseppe Cardone y la experiencia de los italianos resultarían definitivos. La participación europea había sido digna y en liga repetirían el sexto puesto (con 5 puntos más). Pero en la entidad blanquirroja quedó la sensación de que se podía aspirar a más, especialmente tras acariciar el sueño de clasificarse para Liga de Campeones, que se había desvanecido con la derrota ante el Málaga en la última jornada (0-2). "Es cierto que tú puedes estar cinco, seis o siete años trabajando en los que se van renovando ilusiones y jugadores y en los que van creciendo los clubes", sin embargo, una vez terminada la campaña, Joaquín Caparrós anunció que rechazaba la extensión de contrato propuesta por el Sevilla. Visiblemente emocionado, se despidió de toda la afición en una rueda de prensa en la que apenas pudo contener las lágrimas. De esta forma se marchaba de un club que había sido y seguiría siendo su casa. Aun así, estaba claro que no le faltarían ofertas para seguir entrenando en la élite.
 
"Estoy deseando empezar a trabajar porque en todas las conversaciones se me ha transmitido una ilusión tremenda", dijo Joaquín en su presentación como nuevo técnico del RC Deportivo de La Coruña. En apenas un año el conjunto gallego había pasado de ser aspirante a todo durante una década a necesitar un proceso de reconstrucción que requería de las habilidades de un hombre como Joaquín Caparrós. En un primer momento, el utrerano quiso llevarse consigo a Antonio Álvarez, su segundo entrenador en sus cinco años en el Sevilla ("a mí no me gusta llamarlo segundo sino asistente, el hombre de confianza"). Antonio es una persona calmada y sosegada, un poco lo contrario a lo que es Joaquín, "muy temperamental y muy pasional". Y es que "muchas veces hace falta una persona que marque un poquito la calma" para así equilibrar las emociones que pueden vivirse en un banquillo. Al final, Álvarez decidió permanecer en Sevilla y Caparrós recurrió a Luciano Martín 'Luci', "también una persona mucho más tranquila" y a quien había entrenado en su etapa en el Recreativo de Huelva.
 






 



 
 
J.G.: Eres una persona a la que le gusta trabajar con gente joven y con hambre de éxitos. ¿Fue lo que te llevó a aquel Dépor en plena transición?
J.C.: Creo que en este caso el presidente, Augusto Lendoiro, me firma creyendo que yo podía ser la persona más adecuada para esa reconversión que había que hacer. Es cierto que ya ese año no se había clasificado para Champions ni para competición europea. Sí que teníamos que jugar lo que era antes la Intertoto, pero fue duro, fueron dos años muy intensos, de tomas de decisiones antipopulares y con un gasto lógico tanto para el presidente como para el entrenador, que éramos los dos que llevábamos todo este tipo de situaciones.
 
 
 
 

El primer reto para los deportivistas era volver rápidamente a Europa por la vía de la Copa Intertoto. No hicieron un mal papel, ya que eliminaron a FK BuducnostNK Slaven Belupo y Newcastle United FC, pero en la ronda definitiva no podrían con el Olympique de Marsella. Era la primera vez en seis años que los coruñeses se quedarían sin disputar competiciones europeas. Además del anterior técnico, Javier Irureta, también habían abandonado Riazor emblemas como Mauro SilvaFran González o Walter Pandiani, y a finales de agosto también se marcharía Albert Luque, vendido al Newcastle United por 14 millones de euros. Aunque aún quedaban piezas importantes de los años gloriosos del club (Molina, Manuel Pablo, Jorge Andrade, Capdevilla, Duscher, Sergio, Scaloni, Víctor, Valerón, Diego Tristán...), era el momento de que los más jóvenes como Coloccini, Iván Carril, Xisco Jiménez o los recién llegados Arizmendi y Julián de Guzmán dieran un paso adelante.
 
En liga comenzaron bien las cosas, pues solo fueron derrotados cuatro veces en cuatro meses. Los excelentes números logrados en casa (3-3 contra FC Barcelona o 3-1 contra Real Madrid) y sobre todo lejos de La Coruña (2-2 en Mestalla, 0-2 en el Sánchez-Pizjuán, 0-3 en Balaídos o 1-2 en San Mamés) demostraban que los gallegos seguían albergando ese gen competitivo de antaño, lo que les permitía situarse en puestos de Liga de Campeones. Sin embargo, la grave lesión de Valerón en la decimoctava jornada hizo que el equipo se resintiera en su juego y que los resultados empeoraran. Una discreta segunda vuelta, especialmente en el último mes de competición, provocó que el Deportivo acabase de nuevo la liga en el octavo puesto. En Copa del Rey eliminaron a CA Osasuna y Valencia, cayendo en semifinales ante el que a la postre sería el campeón, el RCD Espanyol.
 
El verano de 2006 presenció una revolución total en la plantilla deportivista y vio cómo Molina, César, Enrique, Scaloni, Víctor, Munitis o Diego Tristán abandonaban la disciplina blanquiazul. Por solo 8,5 millones de euros llegaron hasta quince futbolistas, la mayoría muy jóvenes y sin experiencia en Primera División (ArbeloaBarragánFilipe LuísVerdúEstoyanoffCristian GonzálezAdrián López…). Después de un buen inicio, el 'Baby-Dépor', como le llamaban popularmente, se vendría abajo en noviembre y diciembre, sin conseguir ni una victoria. Los de Caparrós encaraban la decimoséptima jornada en la zona de descenso, pero un sorprendente triunfo frente al Real Madrid de Fabio Capello (2-0) levantó los ánimos de los coruñeses, que disfrutarían de una racha de casi dos meses sin conocer la derrota. Tras la vuelta a la irregularidad terminarían siendo décimo terceros en liga. La nota positiva volvió a ser la actuación en Copa, en la que llegaron de nuevo a semifinales, eliminados esta vez por el Sevilla. Joaquín decidió entonces abandonar La Coruña debido al "desgaste" y la falta de "máxima ilusión". Sus próximos pasos le llevarían hasta Bilbao.
 






 



 
 
"Joaquín es un hombre de fútbol y de proyectos colectivos, de eso no cabe duda, y podemos considerarlo como la piedra angular del proyecto de un club". Estas son las palabras que Fernando García Macua dedica a Joaquín Caparrós en El Míster, el libro que nos explica el punto de vista del preparador sevillano acerca de todos los componentes del fútbol. Macua ganó las elecciones a la presidencia del Athletic Club en julio de 2007 y junto a él llegaría Caparrós. El estilo de juego clásico del Athletic le venía como anillo al dedo al de Utrera, cuyos equipos siempre habían sido capaces de crear muchas ocasiones mediante ataques intensos y muy directos. "Para jugar como jugábamos con el Athletic, donde teníamos a dos futbolistas que podían ser Fernando Llorente y Toquero, por ejemplo, teníamos que jugar con futbolistas de banda como podían ser Susaeta o Íker Muniain", apunta. En su primer año, 'Jokin', como empezaron a llamarle en San Mamés, recuperaría la consistencia de los leones, que quedarían undécimos en liga como el cuarto conjunto menos goleado.
 
 
 
 
 
 
J.G.: En Bilbao te guardan muy buen recuerdo. Cogiste un equipo que había pasado un año muy malo y lo convertiste en uno de los más competitivos de la liga. Allí necesitaste más que habilidades futbolísticas, motivadoras ¿no?
J.C.: También es cierto que cuando yo voy al Athletic ellos piensan, como no puede ser de otra forma, en un técnico que le guste la cantera y ellos vieron que, efectivamente, a mí me gustaba trabajar con la cantera. Era un año en el que se estaba discutiendo un poco si Lezama era productiva o no por lo que tú has comentado, un año muy delicado en el que se salvan en el último partido con el Levante y empezamos a hacer un trabajo muy intenso. Nos metemos en todas las tripas, en toda la historia del Athletic y sobre todo en lo que es Lezama. Empezamos a observar, a tener mucho contacto con los directores de Lezama y salen futbolistas que después han jugado muchos años. La verdad es que fue un trabajo muy bonito.
 
J.G.: Volvisteis a disputar una final de Copa del Rey después de veinticuatro años tras eliminar a cuatro equipos de Primera División (Recreativo de Huelva, CA Osasuna, Real Sporting de Gijón y Sevilla FC), pero ese recorrido os pasó factura en liga. ¿Eres partidario de priorizar determinadas competiciones o prefieres ir adaptándote a lo que los tiempos van te van deparando?
J.C.: Las situaciones son distintas. Nosotros teníamos la oportunidad, como tú dices, de volver a la final de una competición que es la del Athletic como es la Copa. Entonces, teníamos que valorar y tuvimos que asumir un riesgo. Lo asumimos y nos salió no del todo bien porque del todo bien hubiera sido ser campeón, pero por lo menos la gente volvió a ver una final después de veinticuatro años. Conseguimos el objetivo de la permanencia y creamos un ambiente de ilusión otra vez en la ciudad y en el País Vasco.
 






 



 
 
Alcanzar la final de Copa del Rey del 2009 contra aquel FC Barcelona del triplete significaba volver a competiciones europeas. Para ello, el Athletic se reforzó con Mikel San JoséDe MarcosDíaz de Cerio y Xabi Castillo. Además, desde el filial llegarían IturraspeIñigo Pérez o Muniain, a quien Caparrós hizo debutar con dieciséis años en Europa League ante el BSC Young Boys. Los vascos se colarían en fase de grupos tras eliminar a los suizos y al Tromsø IL. En liga comenzaron jugando a un muy buen nivel, aunque con el paso de las semanas se volverían irregulares. Aun con altibajos, vivirían en puestos europeos durante la mayor parte de la temporada, pero un flojo mes de abril los acabaría mandando hasta el octavo puesto. En Copa habían sido eliminados a las primeras de cambio por el Rayo Vallecano, mientras que en Europa League serían segundos del Grupo L por delante de FK Austria Viena y CD Nacional y solo por detrás del SV Werder Bremen. En dieciseisavos se las verían con el RSC Anderlecht. El choque de ida en San Mamés acabaría 1-1, sin embargo, en la vuelta disputada en el Constant Vanden Stock los leones se vieron muy superados por los BigliaBoussoufaLegearKouyaté y sobre todo Lukaku, autor del primero de los cuatro tantos de los belgas.
 
Uno de los puntos fuertes de Caparrós es su conocimiento de las categorías inferiores, algo fundamental en el Athletic. En sus cuatro años en Bilbao daría la oportunidad de estrenarse en la élite a más de veinte canteranos. Si bien siempre se le otorga la medalla de haber hecho debutar a futbolistas como Antoñito, Reyes, Jesús Navas, Puerta, Sergio Ramos, Adrián López, Barragán, Iturraspe, Muniaín, De Marcos o Camarasa, Joaquín se quita méritos y advierte de que todo es gracias a la "suma de mucha gente. Cuando tú subes a un futbolista es por la información que tú tienes de todos los técnicos y del director de fútbol base de ese equipo, porque te van diciendo "ese chico tiene talento". Entonces, tú lo que haces es observarlo y luego lo llevas al entrenamiento y, por lo tanto, lo vas formando un poco". Que los canteranos lleguen al primer equipo es gratificante para "mucha gente del club, desde el ojeador que estaba en un barrio viéndolo muy chiquitito y lo coge hasta todos los técnicos que lo han estado formando. Creo que eso es un trabajo muy bonito", afirma con una sonrisa. 
 
"La verdad es que es una satisfacción para un club ver a chicos que han salido, insisto, a muy temprana edad triunfar y ser un jugador muy importantes no solamente en ese equipo sino en el fútbol mundial", subraya Joaquín, que sentiría una alegría tremenda el 11 de julio de 2010. En aquella fecha, España levantaba la Copa del Mundo en Sudáfrica tras vencer a Holanda en la final. Caparrós reconoce que de los veintitrés futbolistas que Vicente del Bosque llevó al Mundial, "tener siete futbolistas que tú has tenido y has estado disfrutando en los entrenamientos, que veías cómo escuchaban a los técnicos y cómo iban creciendo, pues la verdad es que fue una satisfacción". Carlos Marchena, Jesús Navas y Sergio Ramos en el Sevilla FC, Joan Capdevilla y Álvaro Arbeloa en el RCD Deportivo de La Coruña y Fernando Llorente y Javi Martínez en el Athletic Club son esos siete campeones del mundo a los que Joaquín Caparrós había dirigido a lo largo de su carrera.
 






 






 
 
J.G.: Has llegado a decir que la cantera española es una de las mejores del mundo pero que quizás no se aprovecha al cien por cien.
J.C.: Totalmente. Está en una situación donde se está aprovechando cada vez menos y la referencia la tenemos en los clubes como Madrid y Barcelona y la prueba la tenemos en nuestra selección. Si equipos como Madrid, Barcelona, Sevilla o Villarreal tienen pocos jugadores donde nuestro seleccionador pueda escoger, se debilitará nuestro fútbol. Hay muy buenos chicos, hay muy buenos técnicos en la formación, preparan y forman muy bien a los chavales y, por lo tanto, tenemos que aprovecharlo. Los chavales que tienen veinte, veintiún años lo que están es deseosos de que llegue el entrenador del primer equipo y los ponga.
 
J.G.: Entonces, ¿crees que deberían contagiarse un poco el resto de clubes de esa filosofía que tiene el Athletic y Lezama?
J.C.: Hombre, yo creo que sí. Eso es complicado, pero yo creo que algo tendrán que hacer a nivel de federación o a quien le corresponda porque el fútbol va cambiando. Pasó de lo que eran sociedades deportivas a sociedades anónimas y ahora están pasando diríamos a cantidades de dinero por televisiones y a los nuevos inversores. Viene capital de fuera, chino, etc., y vienen con otra mentalidad de traer futbolistas, de hacer un negocio, y muchas veces olvidan lo de abajo. Por lo tanto, la Federación tiene que anticiparse a ese tipo de cosas, a lo mejor obligando como hace la UEFA, que creo que en todo te obliga a tener un número de jugadores inscritos. Pues a lo mejor la Federación tiene que obligar también a tener un número mínimo de jugadores canteranos o primar la Liga de Fútbol Profesional mediante las televisiones a aquellos equipos que tienen en la alineación jugadores canteranos. Es una idea. No sé si será lo correcto o no.
 
 
 
 

La temporada 2010/11 supuso el adiós al Athletic de veteranos como ArmandoIñaki MuñozFran Yeste o Joseba Etxeberría. 'Jokin' encontraría el relevo perfecto, cómo no, en Lezama, concretamente en Raúl FernándezAurtenetxeEkizaIbai GómezIgor Martínez y Urko Vera. En Copa del Rey tuvieron que enfrentarse muy pronto con el FC Barcelona. El encuentro de ida en el Camp Nou terminaría con 0-0 y en la vuelta el 1-1 daría el pase a los cuartos de final a los culés debido al valor doble de los goles en campo contrario. En liga lograron mantenerse cerca de la sexta plaza hasta la jornada 20, fecha en la que se meterían de lleno en zona europea para ya no salir de ahí. Empatado a puntos con Sevilla y Atlético de Madrid, los vascos se clasificaban de nuevo la Europa League. A la conclusión del campeonato se celebraron elecciones a la presidencia del Athletic. Macua se presentó para ser reelegido, aunque, finalmente, el vencedor sería Josu Urrutia, quien trajo un nuevo proyecto con Marcelo Bielsa como entrenador. A pesar de contar con el apoyo de la afición y de su intención de continuar (tenía un acuerdo de renovación con Macua), Joaquín se vio obligado a dejar la entidad. Era el momento de tomar una nueva dirección en el camino.
 






 



 
 
En verano de 2011, Caparrós firmaba como técnico del Neuchâtel Xamax FC con el objetivo de levantar al equipo después de un mal inicio de liga. El utrerano contaría en sus filas con conocidos de la liga española como David NavarroVíctor Sánchez, Arizmendi o Kalu Uche. Sin embargo, el ambiente en el club no era el más idóneo para trabajar, ya que "las funciones de un entrenador que en España se consideran normales, como hacer lista de convocados, hacer un equipo o decidir los días de entrenamiento, pues allí hubo un propietario que quería imponer todo". Ese propietario era el empresario checheno Bulat Chagaev, quien tras un Neuchâtel Xamax 2-2 Lausanne-Sport de la séptima jornada bajó a los vestuarios armado y rodeado de guardaespaldas. "Ahí fui más entrenador que nunca", recuerda con orgullo Joaquín, "no solamente por esa parte sino por gestionar unos recursos de futbolistas que eran de muchísimos países, que tenían el referente en el cuerpo técnico, y yo tenía que ser fuerte y estar con ellos". Caparrós no tuvo miedo y no le tembló el pulso al enfrentarse a Chagaev para defender a los suyos. Después de aquello, puso fin a su aventura helvética. "Fue un mes muy intenso pero de muchísima enseñanza", asegura.
 
Un buen entrenador "se tiene que adaptar" y se tiene que fijar en "las necesidades". Según Caparrós, "lo que tienes que hacer cuando llegas a un sitio es analizar la plantilla que tienes y sacarle el máximo rendimiento. Esa es una de las obligaciones que creo que tiene que tener un entrenador por encima de todo". "Cuando llegamos al Mallorca veíamos que teníamos unos jugadores y que había que cumplir un objetivo, por lo tanto, todo el mundo se mentalizó", cuenta recordando su llegada al banquillo del RCD Mallorca en octubre de 2011 para relevar a Michael Laudrup. Aunque el sistema del danés era muy distinto al suyo, Joaquín no optó por una revolución en el estilo de juego, pues "si tú tienes un equipo donde predomina el toque y tienes jugadores para hacer eso, el entrenador está obligado a mantener esa idea". Algunas de las claves fueron volver a motivar al 'Chory' Castro y dotar a los suyos de un fuerte carácter competitivo. El resultado fueron 45 puntos en 32 partidos: "Conseguimos los objetivos mucho antes y matemáticamente hasta el último partido tuvimos nuestra opción de meternos en la UEFA, lo que pasa es que nos tocó el último partido con el Madrid y era el Madrid de los récords con Mourinho". Tras ser octavos, Caparrós decidió renovar su contrato.
 
La segunda campaña en Mallorca fue realmente complicada. El inicio fue espectacular, ganando tres partidos en el Iberostar y empatando dos a domicilio. Sin embargo, a partir de ahí el equipo se vino abajo. En más de cuatro meses solo lograron tres empates y una victoria. "Hubo situaciones límite. Nosotros hicimos de todo para motivar al grupo, para hacer cambiar la rutina y la dinámica de trabajo porque muchas veces es complicado", explica, y eso que lo intentó de todas las formas posibles, ya que en el campo de la motivación "no hay un libro que te diga los códigos". El ejemplo más claro se produjo en la decimosexta jornada contra el Athletic. Los bermellones perdían 0-1 y en el descanso Joaquín decidió sorprender al vestuario con la proyección de un vídeo pornográfico buscando "despertar a los futbolistas". "En ese momento creímos que era el momento más oportuno para hacer una situación como esa para motivar al grupo y eso se hace ya. No es cuestión de prepararlo, se prepara cinco minutos antes", pero ni por esas reaccionó el Mallorca, que acabó descendiendo ya con Gregorio Manzano, pues Caparrós había sido cesado en el cargo a principios de febrero.
 






 





 
 
La siguiente parada en el camino llevaría a Joaquín Caparrós a la costa valenciana. El Levante UD veía en el utrerano el relevo natural para Juan Ignacio Martínez. Además del entrenador, hasta once caras cambiaron en la plantilla granota respecto a la temporada anterior. Joaquín conformaría un conjunto rocoso, muy potente físicamente y difícil de batir. Pese al mal trago de la primera jornada (7-0 en el Camp Nou), los levantinistas lograrían resultados de mucho mérito, como el 1-1 en casa contra el FC Barcelona o la victoria en el Sánchez-Pizjuán (2-3). Ya en la jornada 35 serían capaces de doblegar a todo un Atlético de Madrid, que se terminaría proclamando campeón no sin antes complicase el título de liga tras salir derrotado del Ciutat de València (2-0). El triunfo ante los colchoneros significaba la permanencia para un Levante que acabaría como décimo clasificado y como quinto equipo menos goleado. Aunque el trabajo de Joaquín había sido brutal, club y entrenador no llegarían a un acuerdo para la renovación del contrato.
 
 
 
 
 
 
J.G.: Dices que el fútbol son dos deportes en uno, por un lado el físico y por otro lado el técnico.
J.C.: Sí.
 
J.G.: ¿Qué porcentaje en cuanto a importancia tendría cada uno?
J.C.: Está claro que en el fútbol yo le pondría más parte a lo que es el juego. El futbolista tiene que dominar lo que es la faceta del juego técnicamente, y nosotros en eso somos un país con unos futbolistas técnicamente buenísimos. Tú ves ahora en una escuela de fútbol a chavales con doce, trece años y técnicamente son buenísimos; hacen buenos controles, cómo golpean la pelota con las dos piernas…y eso es porque se les está enseñando y es una base buena luego para que el futbolista tácticamente sea bueno, para que juegue con más velocidad, etc. Pero también es cierto que para jugar a la pelota tú tienes que tenerla y para tenerla hay una pelea, por lo tanto, tienes que tener también ese concepto físico es fundamental en este juego.
 
J.G.: Aunque siempre se dice que eres un entrenador al que le gusta mucho la presión, la intensidad… ¿cuál crees tú que es tu sello?, ¿qué tiene que tener un equipo de Caparrós?
J.C.: A mí me gusta el buen futbolista, sobre todo el futbolista profesional, que viva su profesión, porque ese futbolista es el que asimila lo que tú le estás diciendo y el que asimila que le corrijas. Me gusta el futbolista que tiene un buen trato de balón pero que ese trato sea siempre con un concepto colectivo. No me gusta el futbolista que juega solamente bien el balón, me gusta el futbolista que juega bien el partido, que técnicamente está dotado pero que luego tiene una mentalidad colectiva. ¿Quién juega bien al fútbol? Juega bien al fútbol aquel equipo que genera muchas ocasiones y que encima las mete. El fútbol se juega para generar ocasiones y para que no te las generen a ti. Si tú generas muchas ocasiones, es señal de que tú estás haciendo muchas cosas bien.
 






 



 
 
En mayo de 2014 Joaquín volvería a Andalucía de la mano de un Granada CF con más de una decena de jugadores nuevos. Los cuatro primeros partidos de liga fueron muy positivos, venciendo en casa al RC Deportivo (2-1), empatando con Elche CF (1-1) y Villarreal (0-0) y sacando tres puntos en San Mamés (0-1). Pero a partir de entonces los nazaríes solo serían capaces de ganar un partido en casi cuatro meses (en Copa del Rey ante el Córdoba CF). "Hay veces que por muchas cosas que hagas no llegas al futbolista y al grupo", una tarea que se vuelve aún más difícil cuando, además, debes gestionar una plantilla como la del Granada, formada por futbolistas de hasta dieciocho nacionalidades distintas. Tras 14 partidos de liga sin conocer la victoria, tanto el club como Joaquín decidieron poner fin a la vinculación de ambos por el bien del equipo. A finales de 2016 tomaba las riendas del CA Osasuna, pero las dificultades para enderezar el rumbo de un vestuario muy debilitado tras la salida de Enrique Martín propiciaron su destitución apenas dos meses después. En junio de 2017 comenzaría su  desafío más exótico al firmar por el Al Ahli SC de Catar.
 
Como decíamos, Joaquín Caparrós es una persona enérgica e inquieta, a la que le gusta estar siempre haciendo cosas. Como profesional siente el compromiso de compartir todo lo que le ha dado el fútbol. Con los más jóvenes lo hace a través del campus de fútbol base que organiza todos los meses de julio en San Esteban de Gormaz (Soria). Con su gremio, el de los entrenadores, lo hace mediante su fundación, organizando másters, torneos, conferencias y charlas, para así poder compartir sus conocimientos y su experiencia, una experiencia que se prolonga ya más de treinta años. Él ha vivido muy de cerca cómo han cambiado los métodos y las herramientas de entrenamiento desde que empezó a entrenar a principios de los ochenta. "Antes hacíamos de preparador físico, de entrenador de porteros, tenía que dar hasta masajes, tenía que ser mi propio jefe de prensa…", recuerda, "ahora hay muchos especialistas, y cada vez se van uniendo más. Yo he ido creciendo con esa especialización y he ido adaptándome". Y no solo adaptándose, sino reinventándose, "innovar, tienes que ir por delante porque el fútbol, si te paras, te come porque va a una velocidad muy grande". 
 
Cuando no está trabajando para algún club, a Joaquín le gusta colaborar con la prensa deportiva. Él incluso empezó la carrera de Periodismo y alguna que otra vez ha declarado que en su formación como entrenador echó en falta un apartado en relación con los medios de comunicación: "En cada uno de los equipos en los que he estado en el cuerpo técnico he puesto una persona de comunicación, que tenga experiencia y que domine y conozca los medios de comunicación, la ciudad y el club porque eso va a ayudar no solamente al entrenador si no a los jugadores y al propio club". Por lo tanto, cree que en un deporte como el fútbol es un aspecto fundamental y que "igual que hay preparador físico, nutricionista o fisio, tiene que estar el especialista de comunicación". La presión de la prensa y el hecho de que esta se nutra muchas veces de temas polémicos o extradeportivos supone un hándicap, "pero es que es lo que hay, nos beneficiamos todos porque se vende mucho fútbol y al final eso repercute en los profesionales. Por lo tanto, hay que adaptarse y hay que llevarlo lo mejor posible dentro de un respeto que tiene que haber entre las dos profesiones".
 
 
 
 
 
 
J.G.: Joaquín, ¿qué es lo que más te llena del fútbol?
J.C.: Todo. Lo que más me gusta del fútbol es entrenar. Disfruto entrenando, ponerme las botas y salir a un campo es lo que más me gusta. Lo que menos me gusta, qué duda cabe, son las tomas de decisiones que afectan a un futbolista, como no ponerlo, porque está entrenando con la máxima intensidad, con la ilusión, con una familia, y tú tienes que hacer una convocatoria. No llevarlo, no ponerlo o decirle a un futbolista que no vas a contar con él es la parte más fea de ser entrenador, pero es una parte que el entrenador tiene que hacer porque está entre sus obligaciones y para eso le pagan, para tomar decisiones.
 






 



 
 
 
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