EX FUTBOLISTA, ENTRENADOR Y MÉDICO ARGENTINO, SUS ABUELOS ERAN SICILIANOS, POR LO QUE EL MISTICISMO Y EL MISTERIO ERAN SU PAN DE CADA DÍA. SU CARÁCTER HEREDÓ UN NIVEL ABRUMADOR DE COMPETITIVIDAD Y LA DISPOSICIÓN DE HACER LO QUE SEA Y COMO SEA PARA ALCANZAR EL ÉXITO. ESA SIEMPRE FUE SU META, POR LO QUE SU OSCURA MAGIA QUEDA TOTALMENTE JUSTIFICADA. Y AL FINAL LO CONSEGUIRÍA, DEJANDO UNA HUELLA IMBORRABLE EN EL CORAZÓN DE TODOS SUS COMPATRIOTAS
 
 
 
José Gordillo
 

 
 
 
 
 
 
FEAR PLAY






 



 
 
Carlos Bilardo era hijo de Calogero, un ebanista y carpintero residente en el céntrico barrio bonaerense de Villa General Mitre, más conocido como 'La Paternal'. El 'Narigón', como cariñosamente le llaman sus abundantes amigos, comenzó su carrera futbolística en San Lorenzo de Almagro, con el que ganó la Liga Argentina y una medalla de oro en los Juegos Panamericanos 1959. Tras su paso por el CD Español recaló en el Estudiantes de La Plata, el que sería el equipo de su vida. Con los pinchas conquistaría la Copa Libertadores tres veces consecutivas. Era un centrocampista defensivo de gran contundencia, aguerrido, competitivo y fuerte en la presión. Pero lo más interesante de Bilardo es su trayectoria como preparador técnico (Entrenador Sudamericano del año en 1986 y 1987) y doctor. Sí, doctor. El médico del barrio, el Dr. Gandulla, lo llevaba a diario a entrenar con San Lorenzo y le inculcó la vocación. Estudió en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, con profesores como Bernardo HoussayPremio Nobel de Medicina en 1947. Estudiaba por las noches, a la mañana iba al hospital a hacer prácticas y por la tarde iba a entrenar. Años despúes, ya doctorado, trabajaría con el viejo Dr. Gandulla durante ocho años en investigaciones sobre el cáncer de recto. Sin embargo, a pesar de sus grandes dotes en la materia (concretamente en la Ginecología), el bueno de Carlos había nacido especialmente para el fútbol. 
 






 




 
 
Bilardo decidió colgar las botas en la temporada 1969/70 y a los pocos meses ya ejercía como segundo entrenador del gran Osvaldo Zubeldía. Zubeldía se marchó a Huracán en 1971 y Carlos tomó las riendas del equipo. En una campaña difícil logró salvar al equipo del descenso. Volvió al banquillo pincha en 1974 y al año siguiente consiguió ser subcampeón nacional, solo un punto por detrás del River Plate. Después se marcharía al Deportivo Cali, logrando tres subcampeonatos consecutivos y llevando por primera vez a un equipo colombiano a la final de la Copa Libertadores, en la que caerían ante Boca Juniors. En Santiago de Cali dejaría buenas muestras de sus aptitudes médicas. Uno de sus jugadores tenía un problema doble: no podía dejar embarazada a su esposa y eso afectaba a su rendimiento. Así que acompañó a la pareja a un especialista que les mandaría la terapia a seguir. Además, el propio Bilardo les recomendó mantener sexo el día previo a los partidos, cuando la mujer ovulaba. El milagro se produjo, el técnico recuperó a su futbolista y este bautizó al niño con el nombre de Carlos. Conmovedor. Por contra, allí también encontraría la primera enfermedad que no fue capaz de curar, un día tomando un café: "En mi vida hay un solo caso, dos o tres, ni sé si hay tres, que no pude arreglar. Este es uno: Pablo con Miguel, no lo pude arreglar. Pablo Escobar, del cartel de Medellín, Miguel Rodríguez y Gilberto Rodríguez, del cartel de Cali... No lo pude arreglar, pero estuve a punto". Y es que los hermanos Rodríguez Orejuela eran dueños del América de Cali e invitaban al doctor a tomar café con otros jefes.
 
Tras un breve regreso a San Lorenzo de Almagro, volvería a Colombia para intentar clasificar a la 'Tricolor' para el Mundial de España 1982. No lo consiguió, pero dejaría puestas las bases para la generación dorada que posteriormente comandaría el 'Pacho' Maturana. A principios de aquel año volvería al Estudiantes de La Plata. En su nueva etapa se destaparía como un auténtico revolucionario. Incorporó las jugadas de estrategia a balón parado, como los saques de esquina al primer palo, y el hambre de victoria por encima de todo ("en el fútbol solo vale ganar y nada más. Cómo se haga, no me importa"). Aquel equipo estaba formado por hombres como Russo, Brown, Ponce, Trobbiani o Sabella. Este último jugaba en el Leeds United y Bilardo fue a reclutarlo personalmente a Londres con dos mil dólares ("mil me los había dado el presidente de Estudiantes, Raúl Correbo, los otros eran míos"). Los jugadores habían jugado el día anterior y tenían jornada libre. "Aparecieron con sus esposas, arregladas para salir. Al ver a las mujeres preparadas para pasear, se me ocurrió que, si la discusión se dilataba, podía cerrar un buen acuerdo porque los tipos, presionados por sus parejas que esperaban en el coche, iban a decir que sí a cualquier propuesta. De 250 mil dólares bajamos a unos 150 mil. A los directivos les di mil dólares para el pasaje de Sabella, les di los otros mil al jugador. Los hombres del Leeds aceptaron y cuando salimos de la reunión, le pedí a Sabella que me devolviera mis dólares. ¡No me había quedado nada, no tenía ni para comer!", recuerda el genio bonaerense. 
 






 



 
 
El Estudiantes se consagraría como campeón del Metropolitano en 1982. Hasta entonces era el mayor logro de Bilardo como entrenador. Sus métodos y hazañas no pasaban desapercibidos y la selección de Argentina llamó a sus puertas. La albiceleste había tenido un papel decepcionante en España 1982, así que encargaron al doctor Maquiavelo que maquinara un remedio para curar la enfermedad del combinado nacional. El 'Narigón' hurgó minuciosamente en la ciencia más precisa y tomó varias decisiones drásticas. La primera fue traspasar la capitanía del equipo de Daniel Passarella, héroe en el último choque clasificatorio, a ese tal Diego Armando Maradona que tanto maravillaba a La Bombonera. Además, quiso convocar muchos futbolistas que jugaban en Argentina. Uno de ellos era Julio Olarticoechea, que había renunciado a la selección un año antes. El 'Vasco' cuenta que Bilardo le dio cita en Saladillo a través de su ayudante, Carlos Pachamé: "Quedamos en encontrarnos después del peaje de la autopista, cerca de la cancha de Español. Quería que jugase de lateral y yo no estaba convencido. Veo que empieza a buscar algo. Agarró un pedazo de ladrillo, fue a una pared de una casa, dibujó una cancha y me hizo una charla técnica". "Vas a jugar así, acá y acá, no es el lateral que vos pensás", le explicó el técnico, que acabó convenciéndolo. Algunas lenguas dicen que en realidad el doctor persiguió en coche al jugador sin que este ni si quiera hubiera pedido cita previa en la consulta.
 
Bilardo recopilaba en su cabeza un denso conocimiento sobre medicina deportiva y estrategia al alcance de muy pocos. En enero de 1986, como preparación para la Copa del Mundo, organizó una pequeña y agradable concentración con catorce jugadores en Tilcara, Jujuy, para así emular las condiciones climáticas que les esperarían en México. Pura alarde de táctica. En aquellos días llegó a la ciudad un autobús con turistas de Rosario y se organizó una fiesta cerca del hotel donde se hospedaba la selección. Así lo relata el Carlos en su autobiografía Doctor y campeón: "Les di permiso a los muchachos para concurrir con la condición de que regresaran a la 1 de la madrugada a más tardar. Como quería asegurarme de que todo estuviera bien, me disfracé de mujer colla con una pollera negra, alpargatas y un sombrero típico. Al llegar, todos los muchachos estaban bailando. Nadie me reconoció. Fui hasta el centro de la pista y me puse a bailar con ellos. En un momento, me acerqué despacito a Ruggeri. Se pegó un susto bárbaro. Le anuncié que se podían quedar hasta las 3, porque estaba todo muy lindo". Sin duda, aquel era uno de sus procedimientos infalibles para tranquilizar a sus pacientes de cara a las pruebas definitivas de junio.
 






 



 
 
No solo sus pupilos necesitaban terapia para calmar los nervios. Bilardo vivía momentos difíciles. El gobierno de Raúl Alfonsín, apoyado por muchos aficionados, preveía un fracaso estrepitoso en el Mundial ("la selección no juega a nada", decían) e intentaron reemplazar al entrenador, pero los jugadores no lo permitieron. "En marzo de 1986, en el frente de mi domicilio residencial de la calle Francisco Bilbao, puse un cartel de venta de una inmobiliaria, para que la gente la creyera deshabitada y no la atacara más. Temía que las piedras se convirtieran en adoquines. Llevé a mi señora y a mi hija a vivir al departamento de mi suegra y yo me instalé en la quinta que teníamos en Moreno. A veces, me quedaba solo [...] Algunas tardes, cuando no había nada que hacer después de los entrenamientos, tomaba un hacha que tenía y le entraba a dar a los árboles, ¡pum, pam! Cortaba leña hasta quedar agotado. Una vez, en medio de los hachazos, sonó el teléfono. La persona que me había llamado me preguntó qué estaba haciendo. 'Estoy en el psicólogo' le contesté. Así me descargaba", narra el doctor, a la vez que nos ilustra con uno de remedios más eficaces para combatir el estrés. Apunte, solo necesita dos elementos: un hacha, que podemos tener en casa o adquirir en nuestro establecimiento de bricolaje más cercano, y un árbol de fuertes raíces y magra corteza, que podemos encontrar en el jardín. Si no tuviera árbol o jardín, acérquese a la campiña más próxima en las afueras de su ciudad, así también podrá aprovechar para disfrutar de un paseo en contacto con la naturaleza, lo que hará su terapia aún más desestresante.
 
Otro de los momentos en que la tensión y el nerviosismo pueden abordarnos de manera impetuosa es cuando viajamos en avión. Problemas con el pasaporte y las maletas, hinchazón en los pies, dolores de cabeza, molestias en los oídos… En primer lugar, es importante haber preparado bien el equipaje porque después no habrá vuelta atrás, a no ser que quieran abonar dos veces el precio del billete. Antes de viajar a México, Bilardo avisó a sus jugadores de que no olvidaran dos cosas fundamentales: un traje y una sábana blanca ("si ganamos volvemos de traje, si perdemos, nos vamos a Arabia"). Asimismo, todo el apoyo y cariño que reciban en el aeropuerto les ayudará a soportar la incertidumbre de esos primeros instantes de vuelo. La selección Argentina no contó con demasiado respaldo antes de emprender su viaje al país azteca, "tres hinchas, no más", a parte de otro que no paraba de gritarles e insultarles cuando estaban en la parte de arriba de las escaleras mecánicas. En ese momento, al preparador argentino se le ocurrió aplicarle al hincha en cuestión una ortodoncia gratuita ("¿qué hago?, ¿me bajo y le rompo la boca?"), pero después se dijo a sí mismo "deja, cuando ganes el mundial ya te van a venir a abrazar" y le pagarían gustosamente por ello. Gran ejemplo de sabiduría.
 






 



 
 
Instalarse en otro país implica acostumbrar nuestro organismo a las condiciones climatológicas, horarias y culturales del mismo. Al aterrizar en México, una de las primeras medidas del doctor fue prohibir a sus futbolistas ingerir carne de pollo. Aseguraba que traería mala suerte y la sustituyó por carne de vaca para que obtuviesen ácido úrico. Siempre actuaba pensando en esa mezcla entre salud y rendimiento. Pero las cosas no salen siempre como uno planea, ¿o sí? El primer partido de Argentina era contra la República de Corea. Antes de salir al campo, sonó el teléfono en el vestuario: era el médico (oficial) de la selección para avisar del estado de salud de Passarella. El jugador, que entonces jugaba en la ACF Fiorentina, había sufrido una intoxicación por beber agua en mal estado. A Ubaldo Fillol, arquero de River Plate, le había hecho jugar la fase clasificatoria para descartarlo en el último momento. Según Fillol, el propio entrenador argentino le había dado laxante a Passarella y por eso estaba "internado con una diarrea infernal". ¿La supuesta razón? La amistad del defensa y el portero con el 'Flaco' Menotti, el seleccionador que hizo a Argentina campeona en 1978 y archienemigo declarado de nuestro entrañable protagonista. Bilardo, por supuesto, lo negó todo y aseguró que se había contratado al mejor infectólogo de todo México. ¿Cómo se pudo dudar de su profesionalidad?
 
El señor Bilardo dio con la fórmula perfecta para armar un equipo altamente competitivo, lo que muchos llamarían 'el último sistema táctico del siglo XX', que consistía en un once integrado por un líbero, dos stoppers, cinco centrocampistas y dos delanteros. Argentina quedó primera del Grupo A tras derrotar a Corea (3-1) y Bulgaria (2-0) y empatar con Italia (1-1). En octavos de final superaría a Uruguay (1-0) en un partido donde sufrirían muchísimo y no solo por lo futbolístico. Todos sabían lo meticuloso que era el doctor. Por ejemplo, enseñaba a sus futbolistas cómo festejar los goles. Su norma impuesta era que solo los compañeros del mismo sector del campo podían ir a celebrar el tanto. Era metódico hasta con las indumentarias. Unos meses antes había pedido a la empresa que vestía a la selección, Le Coc Sportif, que colocara bolsillos en los pantalones para poder guardar pedazos de limón, así los suyos podrían combatir la sequedad de garganta en choques disputados a muchos metros de altitud. Para contrarrestar el calor, la marca había diseñado una tecnología denominada Air-Tech que aligeraba el peso de la camiseta y ayudaba a su transpiración. El problema es que solo la equipación titular se había configurado de esa manera. Por tanto, contra Uruguay "los muchachos transpiraron muchísimo y, cuando se sacaron las remeras, éstas pesaban una barbaridad".
 






 
El Argentina - Inglaterra del Mundial de México 1986 es uno de los partidos más recordados de todos los tiempos por varios motivos, la mayoría más futolísticos que médicos. / Youtube.com

La versión de un médico sobre los hechos siempre es mucho más fiable. / Youtube.com 






 
 
En cuartos esperaba la Inglaterra de Shilton, Stevens, Reid o Lineker y dirigida por el célebre Bobby Robson. A falta de solo tres días para ese encuentro, el sorteo había determinado que Argentina repetiría vistiendo como visitante. Bilardo tuvo que salir al rescate de los suyos: "Hablé con Cremasco para tratar de confeccionar un nuevo equipo que no sofocara tanto a los jugadores. El 'Cabezón' consiguió una tela ligera con un tejido más abierto, que se conoce como piqué liviano. Era más brillante y claro que la otra, y con ella se confeccionaron dos juegos completos, con el cuello más abierto, que cosieron unas costureras conocidas de Cremasco. Los números se colocaron en un teatro de revistas, con unas lentejuelas color gris muy pequeñas". Aquel partido se convertiría en uno de los más famosos de todos los tiempos. La Guerra de las Malvinas y los enfrentamientos entre hooligans y barras bravas habían servido de antesala para calentar un choque vibrante de por sí. Un choque que quedaría grabado en la retina de todos los seguidores de este deporte por dos goles, ambos transformados por Diego Armando Maradona: 'La mano de Dios' y 'El gol del siglo'. Argentina vencería por 2-1 y Bilardo, al ser preguntado en rueda de prensa por el polémico primer tanto del 'Pelusa', realizó un diagnóstico tajante: "Diego me dijo que no fue con la mano y yo le creo".
 
En semifinales Argentina derrotó a la Bélgica de Enzo Scifo gracias a otras dos dianas de Maradona. La gran final les enfrentaba con Alemania Federal. La albiceleste saltó al césped unos veinte minutos tarde porque Bilardo era un hombre de costumbres y, después de la experiencia con Passarella en el primer partido, siempre aguardaba a que sonara su teléfono. Galíndez, utillero y masajista, tuvo que ir al vestuario a llamar al equipo. Argentina se puso 2-0 a favor con los goles de Brown y Jorge Valdano, aunque Alemania igualaba la contienda por medio de Rummenigge y Völler. Sin embargo, en el minuto 83 un gol de Burruchaga acercaba un sueño que se materializaba finalmente tras el pitido final del brasileño Romualdo Arppi Filho. Argentina era campeona del mundo por segunda vez. El sueño del doctor se había hecho realidad. Su tratamiento había surtido efecto. Pero su felicidad no era completa. Ni quiso ver la copa, se descolgó la medalla, la arrojó con desprecio hacia atrás y se encerró en los vestuarios mientras sus jugadores celebraban el título. Cuando fueron a buscarlo, el 'Narigón' estaba decepcionado porque su receta no había resultado ser perfecta: "¡No me hablen que nos hicieron dos goles de cabeza", y es que su ansias de gloria no se calmaron en Centroamérica. Por culpa de su extremo gen ganador, él "ya estaba pensando en el próximo Mundial". Por cierto, nunca supo quién fue el oportunista que se quedó con su medalla.
 






 



 
 
Obviamente los resultados de Bilardo habían convencido a la AFA, por lo que le otorgaron un nuevo ciclo mundialista hasta Italia 1990. Entre medio, dos Copas América, Argentina 1987, en la que serían eliminados en semifinales por la campeona Uruguay en suvendetta particular, y Brasil 1989, que ganaría la anfitriona. La presión sobre el preparador argentino volvía a ser asfixiante. Más aún en marzo, cuando Argentina estaba muy cerca de batir el récord de minutos sin marcar gol. Lejos de preocuparse, el técnico aprovechó para adjudicarse un nuevo éxito a su currículum. Antes del partido contra Escocia se lo dejó muy clarito a su delantero, Valdano: "No se le ocurra meter un gol antes de los seis minutos porque nos quedamos sin récord. Nosotros tenemos que estar en todas las conversaciones, en las buenas y en las malas. Después de los seis minutos hagan lo que quieran". Se tomaron tan a pecho estas indicaciones del técnico que acabaron derrotados por 1-0. El futuro de la albiceleste era imprevisible. No obstante, las lesiones descartaban a varios de los integrantes de México 1986. Así que Bilardo se puso manos a la obra reclutando jóvenes talentos comoFabbri, Sensini, Caniggia o Goycochea. Cuando este último ingresó en la selección, su compañero de habitación, Ruggeri, le advirtió de los hábitos bilardistas ("que no te extrañe que Carlos te llame a la noche y te cite en algún lado"). Efectivamente, días más tarde el doctor le dio cita médica a medianoche y en medio de una plaza. Al llegar, 'Goyco' vio que estaba acompañado de cinco jugadores y que habían colocado los coches iluminando la plaza. El entonces portero del Millonarios FC quiso saber el por qué de aquel tinglado. Bilardo se lo aclaró: "Para ver si sabes atajar de noche".
 
Llegó junio y el Mundial de Italia 1990. El primer partido les enfrentaba a la selección de Camerún, liderada por Thomas N’Kono y Roger Milla. Los argentinos perdieron por 0-1 y a Bilardo se le vino el mundo encima. Si Argentina caía en la primera fase, tendría que buscarse un nuevo país en donde vivir, porque lo que estaba claro es que al suyo no podría volver. El doctor no tardó en suministrar a los suyos una buena dosis de vitamina verbal y les puso en situación de lo que podría suceder en caso de confirmarse la catástrofe: "¡Si perdemos contra Rusia, le pagamos un paracaídas al piloto y manejo yo el avión hasta que nos estrellemos!". A los jugadores no pareció agradarles mucho la idea y solventaron sin problemas el duelo contra la URSS (2-0). El empate con Rumanía valió para pasar, pero necesitarían mucha suerte si querían llegar lejos en el torneo, pues les esperaba Brasil, que contaba sus partidos por victorias. Cuando llegaron a Turín para disputar ese partido, el 'Narigón' descubrió que en el hotel se estaba celebrando una boda. Sus abuelos sicilianos siempre le habían dicho "fidanzata porta fortuna" ("la novia trae suerte"), así que ordenó a los jugadores hacerse fotos con la novia e incluso pedirle el ramo de flores. Horas más tarde se confirmaría que sus métodos ya traspasaban la barrera de lo sobrenatural.
 






 
El mejor regalo que pudo hacerles la novia. Y es que Bilardo ya lo sabía... / Youtube.com






 
 
El partido de octavos frente a Brasil fue una verdadera exhibición de trabajo, oficio y personalidad por parte de la albiceleste. Argentina supo sufrir y en el minuto 80 se encontró con el regalo de la novia en forma de un golazo de Caniggia tras jugadón de Maradona. Después del choque, surgieron rumores acerca de que el doctor había mandado a su masajista, Miguel di Lorenzo, ofrecer a los rivales botellas de agua que contenían una sustancia que provocaba somnolencia, especialmente al defensa Branco. Las sospechas serían confirmadas posteriormente por Maradona, Ruggeri y el propio di Lorenzo, pero siempre desmentidas por Bilardo y Julio Grondona (presidente de la AFA). Sebastiao Lazaroni, seleccionador brasileño, anunció que pediría sanciones a la FIFA, pero nunca se tuvo constancia de dichas solicitudes (comprobado institucionalmente). En cuartos de final Argentina superaría a Yugoslavia en los penaltis y en semifinales se cruzaba con Italia. Míster Maquiavelo seguía a lo suyo, con sus tácticas de motivación. Antes de la eliminatoria contra la anfitriona, mostró a sus jugadores una bandera de Argentina calcinada, según él, por los italianos. Aquello enfureció a los más jóvenes, pero los más veteranos conocían sobradamente cómo funcionaban las artes bilardistas. La estrategia resultó efectiva y, tras un partido disputadísimo, los argentinos ganarían en la tanda de penales.
  
Cuatro años después de México, la final se repetía: Alemania - Argentina. Sin embargo, esta vez la suerte sonreiría a los germanos. Un único gol de penalti de Brehme en la recta final coronaba a Alemania como campeona del mundo. Si Bilardo había tirado la medalla de campeón, imagínense lo que haría con la de plata… Cuando vio al mítico Franz Beckenbauer levantar la copa tuvo ganas de enmendar sus errores del pasado y hacerse una foto con el trofeo, pero su recio orgullo no se lo permitió. Después de aquello, decidió dejar el puesto de seleccionador, a pesar de que el país entero, incluido el presidente Carlos Saúl Menem, le pidió que continuara. Desconectó del fútbol profesional hasta que su hambre competitiva se lo permitió. En el verano de 1992, el Sevilla FC contrató sus servicios y le dispuso una plantilla que contaba, entro otros, con UnzuéMartagónManolo JiménezPrietoRafa PazConte o Suker, a los que se sumaban los fichajes de LosadaMonchuBango y el 'Cholo' Simeone. Además, a mediados de septiembre llegaría la guinda, Diego Armando Maradona, que venía de estar más de quince meses supendido tras dar positivo en un control antidoping con el SS Napoli. En la ciudad hispalense no tardaron en darse cuenta de cómo se las gastaba el entrenador argentino. Mandaba a los futbolistas a las duchas y cuando todos estaban "limpitos" les deleitaba con una grata sorpresa: "todo el mundo al campo, hay que ensayar un córner". Como ven, era más que detallista con los suyos. 
 






 



 
 
La experiencia en España comenzó de forma prometedora, con 11 victorias y 5 empates en los primeros 20 partidos, destacando la igualada contra el FC Barcelona de Johan Cruyff (0-0) y la victoria sobre el Real Madrid (2-0), con partidazo incluido del 'Pelusa'. Pero el rendimiento del astro argentino era muy irregular, al igual que su conducta. Tuvo algunos enfrentamientos con el club y acabó saliendo por la puerta de atrás. El equipo se fue desinflando en la segunda vuelta y finalizó como séptimo clasificado, por muy poco pero fuera de puestos europeos. Pero lo más recordado de aquel Sevilla, lo que marcaría las mentes de los inocentes aficionados españoles, sucedería en febrero de 1993. Durante un RC Deportivo de La Coruña - Sevilla FC disputado en Riazor se produjo un percance cerca del banquillo rojiblanco entre Maradona y AlbísteguiDomingo Pérez, fisioterapeuta del Sevilla, fue a atender a Maradona, pero como vio que el argentino se había incorporado, fue a prestar ayuda al jugador deportivista que estaba en el suelo sangrando. En ese momento, Bilardo salió de área técnica totalmente fuera de sí y gritándole "los de colorado son los nuestros", se sentó y siguió maldiciendo y explicando "qué carajo me importa a mí el otro, ¡pisalo, pisalo!". Así que ya saben, lo primero es cerciorarse de que su compañero se encuentra bien, y, si aún les queda tiempo, pisen al rival. Es una forma estratégica de obtener ventaja numérica y eso, en el manual del buen bilardista, es una ocasión que no se puede dejar pasar. 
  
Bilardo no renovó su contrato con el Sevilla y comenzó a hacer sus pinitos en el periodismo deportivo, comentando Mundiales para distintas televisiones como Fox Sports. Pronto volvería a sentir el picor competitivo y en 1996 aceptó una oferta para dirigir al Boca Juniors. En Buenos Aires, el doctor vuelve a armar un bloque luchador, con una plantilla muy potente a priori (Navarro Montoya,Vivas, Fabbri, VerónKily González, Maradona, Caniggia…). Aquel equipo contaba con su sello de fábrica, made in Bilardo. Y es que Carlos era tan impetuoso y apasionado en su trabajo que tenía vigilados a sus futbolistas para saber a qué hora se iban a la cama. Eran bastante difíciles de batir. Pudo comprobarse en la Copa Libertadores, donde fueron muy sólidos defensivamente y no perdieron ni un partido, excepto el de cuartos de final por penales frente al Cruzeiro que les echaba del torneo. En el Torneo Apertura solo pudieron conseguir un discreto décimo puesto, lo que provocó la marcha del técnico. ¡Ah, por cierto! Antes de producirse la misma, había llegado al equipo el 'Pato' Abbondanzieri procedente de Rosario Central. Bilardo no había tenido tiempo de probarlo, así que le dio una de sus famosas citas a las dos y media de la mañana en su particular consulta en medio del Parque Sarmiento junto a cinco juveniles solo para verlo pelotear y comprobar en qué forma llegaba. Si es que no se puede ser más profesional...
 






 



 
 
A mitad de la temporada 1996/1997 el Sevilla FC volvió a llamarlo. Esta vez era para sustituir a José Antonio Camacho en el banco sevillista e intentar sacar al equipo del descenso. Bilardo aceptó el reto pero pronto desistió. Ni si quiera él era capaz de salvar a aquel descorazonado paciente. Su segunda etapa en Sevilla apenas duró dos meses, los que tardó en darse cuenta de que el milagro era imposible y que aquella escuadra estaba abocada a un desenlace inexorable. Entonces inició un pequeño periplo por países futbolísticamente más modestos. En primer lugar, en 1998 decidió asesorar a la selección de Guatemala y en el año 2000 se convierte en seleccionador de Libia con el objetivo de clasificarla para la Copa del Mundo de Corea y Japón 2002, pero solo pudo superar la primera fase. Su última experiencia como entrenador fue en el club de su vida, el Estudiantes de La Plata. El equipo de los leones estaba enfermo y poco a poco estaba poniendo rumbo a la Primera B Nacional, así que acudieron a su doctor de cabecera de toda la vida para que intentara hallar una cura definitiva. Aquel era un plantel muy joven (Basanta, Angeleri, Colotto, Sosa, Pavone…) apoyado en algunos veteranos como Herrera, Fabbri, Trotta y Asprilla. El equipo se salvó sin problemas y Bilardo permaneció en el club hasta junio de 2004. 
 
Bilardo impartiría su última cátedra en medicina sobre el césped del Monumental en 2004. En pleno partido, sacó una copa y una botella de champán. Una fiscal de instrucción, que no sabría mucho de medicina deportiva, quiso sacarlo del campo en el descanso: "Quisieron llevarme por la fuerza a una oficina. La fiscal era pura prepotencia; pero yo no tenía champán en la botella, sino Gatorade con agua. Había como veinte tipos que querían llevarme por la fuerza. Les dije que tenía que bajar al vestuario a dar la charla técnica. Qué oficina ni oficina". La fiscal iba a llevarse la botella para verificar qué contenía, pero Bilardo se las sabe todas "porque no sabía si le iban a poner alcohol adentro. Por eso pedí que le pusieran precinto ahí mismo", afirmó. El técnico reconoció que había mandado comprar el champán aquella misma semana: "Pero saqué el líquido de la botella en la concentración y le puse Gatorade. Ahora, cuando vuelva a City Bell, vamos a tomar champán aunque hayamos perdido". Los genios y los grandes personajes se entienden ellos solos y probablemente estemos hablando del doctor-entrenador más pintoresco y maquiavélico de la historia. Hay que decir que en ese momento River Plate iba ganando 2-0 al Estudiantes. Aun así, el doctor declaró que solo estaba celebrando "el espectáculo tranquilo". Genio y personaje con mayúsculas. 
 






 



 
 
Recomendaciones médicas
 
- Cirugía cardiovascular
• "Al equipo le pido concentración. Un médico tiene que estar doce horas concentrado para que no se le muera el paciente; yo pido noventa minutos nada más".
 
- Cirugía plástica, estética y reparadora
• "Siempre quise que me fracturaran el tabique nasal y tener un motivo para operarme, pero lo único que me fracturaron fue una costilla".
 
- Ginecología
• "La mujer es como un jugador: si no quiere en determinada posición, no hay que insistirle".
 
- Nutriología
• "Yo digo que al contrario no hay que darle agua, el fair play es un invento de los británicos".
 
- Otorrinolaringología
• "¡El himno hay que practicarlo también! Nosotros lo practicábamos cinco veces antes de cada partido. En ese momento al jugador se le pasa toda su vida por la cabeza".
 
- Traumatología
• "En Messi hay un hueso más en el pie, que se llama pelota y que lo lleva pegado".
 
- Urología
• "Yo no estoy de acuerdo con que los jugadores no tengan relaciones sexuales antes de los partidos. Mientras que las mujeres sean las que estén arriba, todo estará bien".
 






 
 






 
 
Observaciones clínicas
 
- Económica
• "Los alambrados en los estadios argentinos son bastante altos. Yo digo que no hay que penar al hincha que toma una pelota que se fue a la tribuna y se la lleva, hay que hacerlo al futbolista que la pateó ahí; decirle: Esa la pagás vos".
 
- Estadística
• "Soy el único campeón Intercontinental como jugador, del mundo como técnico y doctor".
 
- Estilística
• "Muchachos, lleven un traje y una sábana blanca. Si ganamos volvemos de traje, si perdemos nos vamos a Arabia".
 
- Filosófica
• "Para mí, estilo sólo hay uno. Eso me lo enseñaron en la facultad de medicina. Si vos a un enfermo no le das la dosis correcta de medicamento, chau, se fue. En el fútbol lo que sirve es ganar, ganar, ganar. El resultado sí que sirve. Para lograr el resultado hay que hacer esto, para operar un corazón hay que saber medicina. Pero lo que sirve es ganar".
 
- Geográfica
• "Lo que pasa es que en África aprenden a jugar al fútbol sin arcos, entonces llegan tocando al área y no saben  meter goles".
 
- Histórica
• "El fútbol mundial está atrasado veinte años".
 
- Pugilística
• "El fútbol profesional es ganar y solo ganar. Yo soy como Muhammad Alí: durante la competencia no tengo amigos y a los contrarios, si puedo, los mato y los piso".
 
- Religiosa
• "Yo no dependí de Maradona, Maradona dependió de mí".
 
- Táctica
• "No me gusta cuando los jugadores dicen 'vamos, vamos'... ¿A dónde van a ir? ¡Quédense a jugar el partido!". 
 
Técnica
• "No, que no entren. Antes hay que enviar a un auxiliar que revise si no hay micrófonos ocultos, te pueden espiar la charla técnica".
 






 



 
 
 
 
Contáctanos
 
Plaza de Pilatos 5, 2º Izquierda (Sevilla, España)
Tel: (+ 34) 635 06 70 09